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¿Cómo evaluar el riesgo?

La contaminación electromagnética puede entenderse como las emisiones electromagnéticas generadas por uno o varios focos, de una misma o de distintas frecuencias. Las ondas de televisión, radio, telefonía o las líneas eléctricas emiten campos electromagnéticos en distintas frecuencias, y sus efectos se suman creando así puntos de gran riesgo. Además de la frecuencia de funcionamiento, las emisiones electromagnéticas se diferencian en la potencia de emisión, y los valores que encontramos en un lugar dependen de la distancia con respecto al foco emisor.


Potencia de un campo electromagnético
 
La potencia de un campo electromagnético disminuye con la distancia a partir del lugar de emisión. La densidad de potencia de un campo electromagnético lejano, disminuye de forma inversamente proporcional al cuadrado de la distancia al punto de emisión. Por ejemplo, sí a un metro tenemos una determinada densidad de potencia a dos metros tendremos cuatro veces menos y a cuatro metros dieciséis veces menos y a ocho metros sesenta y cuatro.

De cualquier forma lo importante en cuanto a los efectos biológicos es la dosis recibida, sea en campo lejano o en campo cercano. Cuando un organismo absorbe radiación electromagnética, presenta dos tipos de efectos bien diferenciados: térmicos y atérmicos.


Efectos térmicos y atérmicos
 
El efecto térmico o elevación de la temperatura corporal se ocasiona con niveles relativamente altos de radiación electromagnética y es el resultado de la transformación de la energía electromagnética en energía térmica. Este fenómeno se produce cuando el sistema de regulación térmica del organismo es superado por la acción de la energía que le llega del exterior.

Los efectos térmicos y, especialmente, las reacciones fotoquímicas que se producen en el organismo, cuando interaccionan con las radiaciones electromagnéticas susceptibles de provocar este fenómeno, pueden generar un aumento de los radicales libres. Estos fragmentos de moléculas altamente reactivos, son capaces de provocar alteraciones en las moléculas biológicas. Ello sucede porque influyen en la transferencia de electrones en dichas moléculas, debido al estrés oxidativo (pérdida excesiva de electrones), que provoca la desactivación de los mecanismos celulares de protección del organismo frente a los radicales libres. Los mecanismos defensivos antioxidantes son las enzimas superóxido dismutasa, catalasa y glutation peroxidasa. También algunas proteínas colaboran contra la producción de radicales libres, al igual que antioxidantes como las vitaminas C y E.

No obstante, en niveles atérmicos se producen efectos similares sobre el organismo humano, y pueden ser provocados con valores de radiación muy bajos, y también pueden modificar el equilibrio electroquímico de las membranas, provocar alteraciones en la transmisión genética y afectar a las funciones bioeléctricas del organismo. Hay que tener en cuenta que los procesos biológicos suceden bajo la influencia de fuerzas electromagnéticas naturales, por lo que cualquier modificación de estas fuerzas puede interferir en la información bioeléctrica.

Según las conclusiones de miles de estudios científicos, la exposición prolongada a campos electromagnéticos de baja y alta frecuencia aumenta los riesgos sobre la salud. Distintos trabajos científicos concluyen que las radiaciones en dosis no térmicas producen un fuerte estrés que agota el sistema de reacción de las glándulas suprarrenales en el proceso de fabricación de sustancias químicas antiestrés, elevándose el porcentaje de riesgo de padecer patologías cancerígenas, una disminución de la eficacia del sistema inmunológico, además de ser susceptibles de alterar la información genética y afectar a las actuales generaciones y a las futuras.

La gama de las radiaciones electromagnéticas que engloba desde las de extremadamente baja frecuencia hasta las radiofrecuencias afecta a las funciones biológicas del ser humano de distintas formas:
 
  • Modificación en los niveles hormonales.
  • Alteración en la unión de los iones a la membrana celular.
  • Modificación de los procesos bioquímicos en el interior de las células (transcripción del RNA, síntesis proteica, etc.).
  • Efectos genéticos y celulares.
  • Alteraciones macromoleculares y aberraciones cromosómicas.
  • Alteraciones del sistema nervioso y trastornos neurofisiológicos con modificaciones de la conducta.
  • Variaciones de la tensión arterial y del ritmo cardiaco.
  • Trastornos hormonales y alteraciones del equilibrio iónico.
  • Alteraciones de la respuesta inmunológica.
Hace años se creía que las radiaciones que no generaban efectos térmicos no podían ser capaces de provocar trastornos en los organismos expuestos. Actualmente es bien sabido que esto no es así, pues se han comprobado importantes efectos biológicos producidos con radiaciones en dosis incapaces de producir calentamiento. Cualquier persona mínimamente informada acepta que existen efectos atérmicos a nivel celular, tanto en exposiciones a frecuencias extremadamente bajas como a radiofrecuencias.


Grado de riesgo
 
Los elementos fundamentales a tener en cuenta para cuantificar el grado de riesgo a que está expuesta una persona en relación a los campos electromagnéticos son la dosis y el tiempo de exposición. Además, intervienen factores como la humedad y la temperatura ambiental, así como la edad, el sexo, el peso, la sensibilidad personal y el estado de salud.

Debido a los múltiples focos de diferentes frecuencias que pueden incidir sobre una persona, para poder valorar los riesgos se debe calcular la dosis recibida por cada foco, así como el tiempo de exposición, tanto de elementos exteriores como interiores.



Extraído del libro:
 
"La enfermedad silenciada"
Raúl de la Rosa
Responsable de Contaminación electromagnética
Fundación Vivo Sano

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