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Declaraciones y resoluciones internacionales

La literatura científica es clara con respecto a que los efectos en la salud de los campos electromagnéticos generados por líneas eléctricas, transformadores, antenas de telefonía móvil, teléfonos móviles e inalámbricos, wifis, etc., perjudican de múltiples formas: sistema hormonal, endocrino, cardiovascular, neurológico, celular, etc.

Destacados científicos y médicos han lanzado numerosas alertas y llamamientos públicos sobre los graves riesgos que conlleva la exposición a estas radiaciones para la salud de la población: Resolución de Salzburgo (2000), Declaración de Friburgo (2002), Declaración de Alcalá (2002), Resolución de Benevento (2006), Resolución de Venecia (2007), Resolución de Londres (2007), Llamamiento de Bruselas (2007), Declaración de París (2009), Declaración de Seletun (2009), Resolución de Copenhague (2010), y muchas más que no deben quedar en el olvido y deben considerarse como una alerta de riesgo de ámbito mundial.


Resolución de Salzburgo
 
La Conferencia Internacional de Salzburgo se realizó en la ciudad de Salzburgo en junio de 2000 a instancias del Gobierno y del Departamento de Medio Ambiente y Salud Pública de Austria. Este encuentro in ternacional estuvo compuesto por prestigiosos expertos e investigadores en materia de campos electromagnéticos. Entre los que se encontraban el doctor Ekkehardt Alpeter, del Instituto Social y Medicina Preventiva de la Universidad de Berna (Suiza), el doctor Carl Blackmann, del Environmental Protection Agency (EE.UU.), el doctor Neil Cherry, del Lincoln University Christchurch (Nueva Zelanda) o el doctor Huai Chiang, Zhejiang University School of Medicine Microwave Lab (Hangzhou, China). Esta Resolución fija unos valores máximos provisionales de 100 nW/cm2 (0,1 μW/cm2), pero teniendo la precaución de que sean revisables a la baja en cualquier momento, según avance el conocimiento científico y se consideren aún demasiado elevados para garantizar la salud y el bienestar de la población residente cerca de dichas antenas.

Por lo que entre otros puntos la Resolución indica que: “Hoy en día hay indicios de que no existe un límite mínimo para determinar los efectos negativos para la salud. Por ello, la recomendación de unos valores de inmisión concretos está ligada a las correspondientes incertezas y se tiene que contemplar como algo provisional. Para protección preventiva de la salud pública ante la suma de inmisiones de alta frecuencia, moduladas con bajas frecuencias pulsantes, provenientes de las instalaciones emisoras de telefonía móvil, se recomienda un valor provisional máximo de 100 nW/cm2 (0,1 μW/cm2)”.


Declaración de Friburgo
 
En el año 2002, la Declaración de Friburgo, realizada por la Asociación Interdisciplinar para la Medicina Ambiental compuesta por médicos de medicina ambiental confirmaron el drástico aumento del número de enfermedades graves y crónicas, especialmente las relacionadas con trastornos en la capacidad de aprendizaje, de concentración y del comportamiento de los niños (por ejemplo, hiperactividad), descontrol de la presión arterial, trastornos en el ritmo cardíaco, infartos y apoplejías en personas cada vez más jóvenes, enfermedades cerebrales degenerativas (Alzheimer…), epilepsia, cánceres como leucemia y tumores cerebrales.

También observaron el aumento de síntomas y trastornos que a menudo se diagnostican erróneamente como psicosomáticos: dolores de cabeza y migrañas, cansancio crónico, inquietud interna, insomnio y cansancio diurno, zumbidos en los oídos, inmunodeficiencias, dolores neurológicos y de tejidos blandos que no resultan explicables por las causas habituales.

Estos médicos especialistas en medicina ambiental, relacionaron el anómalo aumento de estas enfermedades con la coincidencia de la aparición de una radiación de microondas en el entorno de los pacientes: instalación de antenas de telefonía móvil en la proximidad de los pacientes, uso intensivo de teléfonos móviles o adquisición de un teléfono inalámbrico.

Asimismo, han comprobado que con demasiada frecuencia se observa una llamativa concentración de determinadas enfermedades en zonas o edificios irradiados con microondas o bajas frecuencias, que mejoran o desaparecen poco tiempo después de reducir o eliminar la irradiación con microondas.

«Como médicos en ejercicio de todas las especialidades, en particular de la medicina medioambiental, y seriamente preocupados por la salud de la población, nos dirigimos a los colegas, a los responsables de sanidad y de la política, así como a la opinión pública. En los últimos años, observamos entre nuestros pacientes un dramático aumento de enfermedades graves y crónicas, en particular:
  • Trastornos en la capacidad de aprender, de concentrarse y del comportamiento en los niños (por ejemplo, hiperactividad).
  • Descontrol de la presión arterial, que cada vez resulta más difícil tratar con medicamentos.
  • Trastornos en el ritmo cardíaco.
  • Infartos y apoplejías en personas cada vez más jóvenes.
  • Enfermedades cerebrales degenerativas (por ejemplo, Alzheimer) y epilepsia.
  • Cánceres como leucemia y tumores cerebrales.
«Observamos, además, la aparición cada vez más frecuente de diversos trastornos que a menudo se diagnostican erróneamente como psicosomáticos. Limitándonos a los síntomas más frecuentes, mencionaremos:
  • Dolores de cabeza y migrañas.
  • Cansancio crónico.
  • Inquietud interna.
  • Insomnio y cansancio diurno.
  • Zumbidos en los oídos.
  • Inmunodeficiencias.
  • Dolores neurológicos y de tejidos blandos que no resultan explicables por las causas habituales».
En sus conclusiones, la Asociación Interdisciplinar para la Medicina Ambiental mostró una clara relación temporal y espacial entre la aparición de estas dolencias y el comienzo de una irradiación de microondas que se presenta de diversas formas:
  • Instalación de antenas de telefonía móvil en la proximidad de los pacientes.
  • Uso intensivo de teléfonos móviles.
  • Adquisición de un teléfono inalámbrico para usarlo en la casa o en la vecindad.
Y aseguran que no se trata de una coincidencia puramente casual, debida al azar, «pues:
  • Con demasiada frecuencia observamos una llamativa concentración de determinadas enfermedades en zonas o edificios irradiados con microondas.
  • Con demasiada frecuencia mejora la enfermedad o desaparecen dolencias que se prolongaban meses y hasta años, poco tiempo después de reducir o eliminar la irradiación con microondas.
  • Con demasiada frecuencia se confirman nuestras observaciones con las mediciones de campos electromagnéticos realizadas in situ».
La Declaración de Friburgo concluye: «Nuestros esfuerzos terapéuticos para restablecer la salud son cada vez más infructuosos. Pues la libre y continua penetración de las radiaciones en lugares de residencia y trabajo, especialmente en dormitorios y habitaciones de niños, que consideramos lugares extraordinariamente importantes para relajarse, regenerarse y curarse, causa tensión ininterrumpida e impide una recuperación sólida del enfermo.

«Consideramos el número creciente de enfermos crónicos también como una consecuencia de una política irresponsable de fijación de límites, que, en vez de proteger a la población de los efectos a corto y largo plazo, se somete a los dictados de una tecnología de cuya peligrosidad se tiene ya suficiente constancia. Para nosotros se trata del comienzo de un proceso muy serio que amenaza la salud de muchas personas».


Declaración de Alcalá
 
La Declaración de Alcalá fue firmada en el año 2002 en Alcalá de Henares por destacados científicos, entre otros por Rodríguez Delgado, neurofisiólogo y Catedrático de Fisiología en la Universidad de Yale y de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid; José Luis Bardasano, Catedrático y Director del Departamento de Especialidades Médicas de la Universidad de Alcalá; Claudio Gómez-Perretta, jefe de sección de Investigación en Salud Pública en el Hospital Universitario La Fe de Valencia; María Jesús Azanza, Catedrática de Biología y Magnetobiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza. En las conclusiones de su amplio informe aseguran que: «No existen emisiones inocuas, aunque desconozcamos con precisión sus efectos debemos adoptar medidas de precaución que nos lleven a utilizarlos siguiendo parámetros de protección buscando en cualquier caso niveles de exposición mínimos. Además, la industria y por desgracia algunos centros públicos emiten constantemente comunicados que tachan incluso de irracionales o alarmistas las noticias que alertan de la necesidad de tomar adecuadas medidas de precaución. Finalmente, hay que señalar que es necesario colocar la protección de la salud de los ciudadanos por encima de otras consecuencias de desarrollo o económicas, por lo que las normativas adoptadas por la Unión Europea siguiendo las recomendaciones del ICNIRP deben ser revisadas hasta límites donde hoy encontramos posibles alteraciones a nivel celular».


Llamamiento de Bruselas

«El 10 de agosto de 2005, los ministros P. Dewael, A. Flahaut, M. Verwilghen, R. Demotte y B. Tobback han firmado un Real Decreto autorizando someter en adelante a todos los habitantes del Reino, de buen grado o por la fuerza y cada segundo de su vida, a una radiación de microondas pulsadas de 20,6 voltios por metro a 900 Mhz (y más adelante todavía a frecuencias más altas) y en consecuencia al conjunto de efectos biológicos que están oficialmente asociados con ellas.

«El límite de exposición debería tener en cuenta la protección de las poblaciones “sensibles” y ser en todo caso inferior a un máximo de 0,6 V/m (100 nW/cm² - 0,1 μW/cm²) para el conjunto de las radiaciones de microondas pulsadas, y verdaderamente todavía menos en función de las investigaciones en curso. Por la presente, nosotros pedimos la interpelación del Ministro de Salud, Señor Rudy Demotte, ante la Cámara, en sesión plenaria, por atentar contra el artículo 23 de la Constitucion, el cual garantiza a cada ciudadano del Reino “el derecho a la protección de la salud” y “el derecho a un medio ambiente sano”. Y más fundamental todavía, esta política de peligro deliberado constituye un atentado contra los Derechos Humanos.

«A modo de conclusión: Es imperativo denunciar una aproximación reduccionista que niega los hechos porque no están completamente explicados por las teorías o los modelos científicos del momento. La captación de los expertos sanitarios por los lobbys industriales es muy a menudo patente. Ninguno de nosotros es absolutamente consciente de la enorme confabulación de la investigación y la economía mercadeando en este campo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) es descrita en una serie de artículos publicados en el British Medical Journal y en The Lancet como una institución corrupta y sin valor».


Resolución de Benevento
 
La Comisión Internacional para la Seguridad Electromagnética organizó una conferencia internacional denominada Aproximación al Principio de Precaución y los Campos Electromagnéticos: Racionalidad, legislación y puesta en práctica, en la ciudad de Benevento (Italia), en 2006. En la conferencia, los científicos reunidos entre otras cosas denunciaron que:

“Nuevas evidencias acumuladas indican que hay efectos adversos para la salud como resultado de las exposiciones laboral y pública a los campos eléctricos, magnéticos y electromagnéticos en los niveles de exposición actuales. Hay evidencias de que las fuentes actuales de financiación sesgan y desvían los análisis y la interpretación de los resultados de las investigaciones hacia el rechazo de la evidencia de riesgos para la salud pública. De acuerdo con nuestra revisión científica, los efectos biológicos pueden ocurrir por exposiciones a campos electromagnéticos de baja frecuencia y los campos electromagnéticos de radiofrecuencias y microondas. Los estudios epidemiológicos, así como los experimentos in vivo e in vitro, demuestran que la exposición a ciertos campos electromagnéticos de baja frecuencia puede aumentar el riesgo del cáncer en niños e inducir otros problemas de salud en niños y adultos. Además, hay una evidencia epidemiológica acumulada que indica un riesgo creciente de tumor cerebral por el uso a largo plazo de teléfonos móviles. Los estudios epidemiológicos y de laboratorio que demuestran los riesgos crecientes para los cánceres y otras enfermedades por exposiciones laborales a campos electromagnéticos no pueden ser ignorados. Los estudios de laboratorio sobre cánceres y otras enfermedades han divulgado que la hipersensibilidad a campos electromagnéticos puede ser debida en parte a una predisposición genética».


Resolución de Venecia
 
Promovida por la Comisión Internacional para la Seguridad Electromagnética, la Resolución de Venecia (Italia) en 2007 llegó a las siguientes conclusiones:

«Las normas de protección contra las radiaciones no ionizantes recomendadas por las organizaciones internacionales de normalización, y apoyadas por la Organización Mundial de la Salud, son insuficientes. Las actuales directrices se basan en los resultados de estudios de exposiciones agudas y sólo se consideran los efectos térmicos. Es necesaria una aplicación en todo el mundo del Principio de Precaución. Además, las nuevas normas que se adoptasen debieran ser desarrolladas teniendo en cuenta diversas condiciones fisiológicas; por ejemplo, el embarazo, los recién nacidos, niños y las personas mayores.

«Tomamos como una excepción la reclamación de la industria de comunicaciones inalámbricas de que no hay evidencia científica creíble para concluir que existe un riesgo. Los últimos datos epidemiológicos son más fuertes que antes, lo cual es un motivo más para justificar la reducción de las normas y los valores de exposición de acuerdo con el Principio de Precaución.

«Reconocemos el creciente problema de salud pública conocido como electrohipersensibilidad: Esta condición adversa para la salud puede ser muy invalidante, y requiere más investigación urgente y reconocimiento.

«Nosotros recomendamos el uso limitado de teléfonos móviles y otros dispositivos similares, para niños pequeños y adolescentes, y hacemos un llamamiento a los gobiernos a aplicar el Principio de Precaución como una medida provisional mientras se desarrollan las normas de protección biológicamente más relevantes contra, no sólo la absorción de energía electromagnética de la cabeza, sino también los efectos adversos de las señales en la bioquímica, la fisiología y los biorritmos eléctricos».


Resolución de Londres
 
En noviembre de 2007 se realizó un simposio científico patrocinado por Roger Coghill y Robert Verkek de la Royal Society de Londres y firma do entre otros por Lennart Hardell, University Hospital, Orebro University (Suecia) y por Olle Johansson, Experimental Dermatology Unit, Department of Neuroscience, Karolinska Institute, y The Royal Institute of Technology de Suecia, bajo la premisa de: “¿Son adecuadas, en el momento actual, las recomendaciones sobre exposición a campos electromagnéticos (CEM), de la Internacional Comission on Non-Ionizing Radiation Protection, (ICNIRP)?”

«Nosotros, los abajo firmantes, hacemos un llamamiento a la Agencia de Protección de la Salud del Reino Unido (UPA), Gobierno del Reino Unido y a todas las agencias de protección de la salud y los gobiernos en todo el mundo, a que tomen nota de las conclusiones y recomendaciones del Informe BioInitiative (2007) y sus predecesores, la Resolución de Benevento (2006), la Resolución de Catania (2002) y la Resolución de Salzburgo (2000) para reducir inmediatamente las directrices de exposición a la radiación de radiofrecuencia (RF) y campos electromagnéticos de muy baja frecuencia (ELF-CEM) por las razones siguientes:
  • La abrumadora evidencia de los efectos no térmicos sobre la salud, muchas veces por debajo de las actuales directrices de exposición.
  • La gran proliferación de las redes inalámbricas y dispositivos más allá de las previstas en el momento en que se establecieron las directrices de exposición actuales.
  • Hacemos un llamamiento a la creación de un organismo independiente que defina nuevos valores límite de exposición, basados en los efectos biológicos y/o acciones preventivas, para los campos electromagnéticos de baja frecuencia, radiofrecuencias y microondas que hagan frente a los efectos biológicos que se informan, en exposiciones prolongadas, y que tengan como resultado consecuencias negativas para la salud.
  • Los niños menores de 16 años sólo deben utilizar los teléfonos móviles y teléfonos inalámbricos para llamadas de emergencia.
  • No a los sistemas wifi, wimax u otras formas de conexión inalámbrica a la red en hogares, escuelas o áreas públicas o promover el uso de los mismos.
  • Llevar a cabo auditorias independientes de manera regular y frecuente sobre las emisiones de las estaciones base (antenas), para garantizar que no superen las nuevas directrices basadas en los efectos biológicos, en cualquier localidad de forma individual o por acumulación. Estas auditorías deben ser públicas y ampliamente disponibles para el análisis público.
  • Ante la ausencia de tales recomendaciones sugerimos, como paso intermedio, que el Gobierno británico y la Agencia de Protección de la Salud apliquen de manera inmediata las recomendaciones del Informe BioInitiative 2007 sobre CEM y RF y se esfuercen por establecer las recomendaciones de la Secretaría de Salud Pública del Gobierno de Salzburgo (2002) de 0,6 V/m (100 nW/cm2 = 0,1 μW/cm2) al aire libre y 0,2 V/m (10 nW/cm2 = 0,01 μW/cm2) para exposición a radiofrecuencias en el interior de domicilios. Y para la protección de las personas más vulnerables estos valores se reducen 10 veces tanto en exteriores como en interiores».

Declaración de París
 
El 23 de marzo de 2009, tuvo lugar en el Senado de Francia una declaración de los expertos y científicos de reconocido prestigio como el alemán Franz Adlkofer, Coordinador del programa Europeo Reflex, Dominique Belpomme, de la Universidad París-Descartes, Departamento de Oncología Médica y del Hospital Europeo Georges Pompidou de París, y los suecos Lennart Hardell, del Departamento de Oncología del Hospital Universitario, Orebro de Suecia, y Olle Johansson, del Departamento de Neurociencias, Instituto Karolinska, Real Instituto de Tecnología, de Estocolmo (Suecia):

«La comunidad científica internacional es unánime en reconocer la posibilidad de un riesgo grave de salud pública, requiriendo urgentemente la aplicación del Principio de Precaución. Hacer el juego a ciertos lobbies e ignorar la existencia misma de los problemas sanitarios y medioambientales en favor de intereses económicos y financieros a corto plazo no podría ser más que perjudicial para el conjunto de nuestros conciudadanos.

«Los efectos de los campos electromagnéticos sobre la salud se han establecido a través de la observación clínica de un gran número de investigaciones toxicológicas y biológicas, así como a través de algunos estudios epidemiológicos. A día de hoy, en Europa, hay un número creciente de gente electrohipersensible, personas que han desarrollado una intolerancia a los campos electromagnéticos.

«Aunque los mecanismos biológicos de electrosensibilidad aún siguen siendo desconocidos, en Suecia están legalmente reconocidos como una discapacidad.

«Nosotros, médicos —conforme al Juramento Hipocrático—, investigadores —actuando en nombre de la verdad científica—, nosotros, doctores e investigadores de distintos países de la Unión Europea, declaramos con total independencia de criterio, que cada vez encontramos un mayor número de pacientes que se han convertido en intolerantes a los campos electromagnéticos, y que esta intolerancia les está causando un perjuicio grave en términos de salud, de vida profesional y familiar, y que no podemos descartar la posibilidad de que desarrollen una enfermedad neurodegenerativa, o incluso algún tipo de cáncer, y que este perjuicio, por tanto, debe ser reconocido y compensado por los sistemas de la seguridad social de los diferentes Estados miembros de la Comunidad Europea.

«Por la presente, queremos advertir a los gobiernos que, en vista de nuestros conocimientos actuales, no cabe excluir que, tras un período suficiente de exposición, esta intolerancia también podría afectar a los niños y, por consiguiente, causar en los próximos años un importante problema de salud pública en todos los países que utilizan de forma ilimitada las tecnologías basadas en la emisión de campos electromagnéticos.

«Aunque nuestro conocimiento científico sigue siendo incompleto, y algunas cuestiones han dado lugar a controversia, la comunidad científica internacional reconoce unánimemente un serio peligro potencial en la salud pública, que requiere aplicar con urgencia el Principio de Precaución. Seguir las directrices de algunos grupos de presión y poner en peligro la salud, en nombre de beneficios a corto plazo y de los intereses económicos, sólo puede causar daño a todos nuestros conciudadanos».


Declaración de Seletun
 
La Alianza Internacional sobre Campos Electromagnéticos, formada por un grupo internacional de científicos, publicó la declaración de Seletum (Noruega) en 2010.

La revista científica Reviews on Environmeental Health (Opiniones sobre salud ambiental) publicó este informe realizado por reputados científicos (Fragopoulou, Grigoriev, Johansson, Margaritas, Morgan, Richter, Sage…) de cinco países distintos pidiendo límites mucho más restrictivos para proteger la función biológica y la salud de las futuras generaciones.

Las 10 recomendaciones claves para la Protección de la Salud Pública de Seletun:
1. La población mundial está en riesgo. Las poblaciones mundiales no están suficientemente protegidas de los campos electromagnéticos (CEM) de la comunicación y las nuevas tecnologías de transmisión de datos que se están desplegando en todo el mundo, afectando a miles de millones de personas;
2. Las poblaciones más débiles son las más vulnerables (por ejemplo, los ancianos, los enfermos, o personas inmunológicamente deprimidas) y los niños y los fetos pueden ser también vulnerables a los riesgos de salud, sus exposiciones son en gran parte involuntarias y están menos protegidos por las normas vigentes de seguridad pública, las poblaciones vulnerables pueden equivaler a un 40-50% de la población total;
3. Las acciones de los gobiernos están justificadas ahora basándose en la evidencia de graves perturbaciones en los sistemas biológicos. El equipo científico de Seletun insta a los gobiernos a adoptar una declaración explícita de que “la norma para juzgar y actuar sobre las pruebas científicas se basarán en principios de salud pública, prudente planificación en lugar de una certeza científica del efecto (pruebas de causalidad)”. Las acciones se justifican sobre la base de una evidencia científica limitada, o una suficiencia de las pruebas, en lugar de en una evidencia científica concluyente y la relación de causalidad o de certeza científica, donde la consecuencia de no hacer nada a corto plazo puede causar problemas de salud pública e irreparables daños económicos, donde las poblaciones expuestas a los riesgos son muy grandes, donde hay alternativas sin riesgos similares, o cuando las exposiciones son en gran medida involuntarias;
4. El peso de la carga de las pruebas para la Seguridad de Tecnologías de Emisión de la radiación debe recaer sobre los productores y los proveedores, no sobre los consumidores. El grupo científico Seletun insta a los gobiernos a hacer explícito que la carga de la prueba de la seguridad debe recaer en los productores y proveedores de tecnologías de CEM-producción, no sobre los usuarios y consumidores.
5. Las exposiciones a los CEM se deben reducir de antemano al entendimiento completo de los mecanismos de acción. Las exposiciones a los CEM deben reducirse ahora en lugar de esperar a la prueba o la comprensión de los mecanismos de daño antes de actuar. Esta recomendación está en consonancia con los principios tradicionales de la salud pública, y está justificada en un momento en que abundantes pruebas de que los efectos biológicos y los efectos adversos para la salud se están produciendo a niveles de exposición con una magnitud muy por debajo de las normas vigentes de seguridad pública en todo el mundo;
6. La Corriente Media Aceptada de la Radiación de Riesgo —la Tasa Específica de Absorción (“SAR”), es inadecuada, y engañosa sobre la seguridad y el riesgo. La SAR no es un índice adecuado para predecir muchos efectos biológicos importantes, en los estudios que relatan el incremento de los riesgos de padecer cáncer, enfermedades neurológicas, alteraciones de la función inmune de fertilidad y reproducción, y la función neurológica (cognición, comportamiento, rendimiento, estado de ánimo, trastornos del sueño, mayor riesgo de colisiones de automóviles, etc.);
7. Es necesario un Registro Internacional de Enfermedades para rastrear las tendencias de las enfermedades y el tiempo para correlacionar enfermedades con exposiciones. El Grupo Científico Seletun recomienda que se establezca un registro internacional para medir el tiempo, las tendencias de incidencia y mortalidad por cáncer y enfermedades neurológicas e inmunológicas. El Seguimiento de los efectos de los CEM en los niños y las poblaciones sensibles EHS es una alta prioridad. Debería haber libre acceso a esta información;
8. Pruebas de salud Pre-mercado y demostración de seguridad de todas las tecnologías que emiten radiaciones. Hay una necesidad de evaluaciones obligatorias previas a la comercialización de las emisiones y los riesgos antes de la implementación de nuevas tecnologías inalámbricas. Debe haber pruebas convincentes de que los productos no causan daños a la salud antes de su comercialización;
9. La paridad necesaria para los estándares de exposición ocupacional. El Grupo desalienta el empleo de normas de seguridad más favorable para los trabajadores públicos, en comparación con el público en general. Los límites de seguridad no son éticamente aceptables. Los trabajadores son mujeres en edad fértil y hombres que desean conservar su fertilidad;
10. Designación del daño funcional para las personas con Electrosensibilidad. El Grupo recomienda firmemente que las personas con síntomas de electrohipersensibilidad (EHS) sean clasificadas como funcionalmente perjudicados en lugar de con la enfermedad idiopática ambiental o categorías similares indistintas. Esta terminología acepta la responsabilidad de la causa ambiental de los desafíos de salud relacionados y alentará a los gobiernos a realizar ajustes en las condiciones de vida para mejorar el domicilio social y el bienestar y las necesidades de esta subpoblación de los miembros sumamente sensibles de la sociedad.

Finalmente, la Declaración Científica de Seletun recomienda acciones preventivas y de precaución, dada la evidencia existente de posibles riesgos para la salud mundial.
  • Informar a la población sobre los riesgos potenciales del uso de los teléfonos móviles e inalámbricos.
  • Aconsejar a los usuarios limitar las llamadas por teléfonos móviles y utilizar una línea telefónica para las conversaciones largas.
  • Limitar el uso de los teléfonos móviles e inalámbricos a niños, jóvenes y adolescentes al nivel más bajo posible, y prohibir, de una manera urgente, a las compañías de telecomunicación la comercialización y publicidad dirigida a ellos.
  • Requerir a los fabricantes que provean dispositivos de manos libres (altavoz o auriculares), para cada teléfono móvil e inalámbrico.
  • Planificar la instalación de antenas, estaciones base y otras infraestructuras de telecomunicaciones para reducir al mínimo la exposición humana. Registro de las estaciones base de telefonía con las entidades de planificación locales y uso de cartografía digital para informar al público sobre las exposiciones potenciales posibles. Las propuestas para los sistemas inalámbricos urbanos (por ejemplo, wifi, wimax, sistemas de banda ancha por cable o línea eléctrica o tecnologías equivalentes) deben estar sometidas a una revisión pública de la exposición potencial a campos electromagnéticos (CEM) y, en el caso de estar instalados anteriormente, los municipios deben asegurar una información disponible para todos y actualizada regularmente.
  • Definir zonas urbanas libres de emisiones, en edificios públicos (escuelas, hospitales, áreas residenciales) y en los sistemas de transporte público, con el objetivo de permitir el acceso a las personas extremadamente sensibles a campos electromagnéticos (CEM).
«El grupo científico reconoce que las evidencias recogidas sobre los campos electromagnéticos (CEM) requiere de un nuevo enfoque sobre la protección de la salud pública, el crecimiento y desarrollo del feto y de los niños, y aboga por urgentes acciones preventivas. La aplicación de nuevas normas públicas, en base a los efectos biológicos por exposición, han de aprobarse con carácter de urgencia para proteger la salud pública en todo el mundo».


Resolución de Copenhague
 
En octubre de 2010 se adoptó esta resolución en la conferencia de Copenhague que recoge anteriores llamamientos internacionales, resoluciones y el Informe BioInitiative realizados por médicos y científicos en los que se afirma la necesidad de prevención de daños en la salud pública por la exposición a la radiación de la tecnología inalámbrica. Los científicos reunidos reclamaron en sus conclusiones finales los siguientes puntos:
  • Un máximo de nivel de irradiación en el exterior de 0,6 V/m (100 nW/cm2 = 0,1 μW/cm2).
  • Informar y advertir oficialmente a la población sobre los riesgos para la salud de la radiación por microondas de alta frecuencia de la tecnología inalámbrica con especial atención sobre mayores riesgos para los que estén en condiciones de debilidad, las mujeres embarazadas y los niños.
  • Etiquetas de advertencias y de información en los dispositivos que emitan radiación, y un compromiso de los fabricantes para diseñar productos que emitan la menor radiación posible y sólo cuando sea necesario.
  • Restringir y desalentar el acceso de los niños al uso de dispositivos que emitan radiación de microondas de alta frecuencia.
  • La electrohipersensibilidad (EHS) debe ser reconocida oficialmente como una discapacidad funcional.
  • Promover la acción de las autoridades locales para que respeten la transparencia de la información sobre los lugares de ubicación de estaciones base de antenas enlaces existentes (estaciones base de telefonía móvil) y de los previstos.
  • Hacer todo lo posible para minimizar la exposición a la radiación del wifi en los espacios públicos ocupados por los grupos vulnerables, como niños en edad escolar, ancianos, hospitales, así como en los transportes públicos.
  • Establecer zonas de refugio para el electrohipersensible o zonas blancas donde la gente electrohipersensible, que no soporta la radiación de microondas de las radiofrecuencias pueda recuperarse allí o vivir allí, así como abastecer una asistencia financiera con el fin de proteger el interior de las casas.
  • Promover una política de alternativas seguras para la salud a la tecnología wifi.

Parlamento Europeo

Ya en el año 1999, en el Apartado V de la Recomendación del Consejo de la Unión Europea, relativa a la exposición del público en general a campos electromagnéticos, se establece el deber de los Estados de “proporcionar al ciudadano información en un formato adecuado sobre los efectos de los campos electromagnéticos y sobre las medidas adecuadas para hacerles frente”, recomendación a la que se ha hecho caso omiso durante todos estos años cuando incluso el informe “Posibles efectos sanitarios relacionados con el uso de radioteléfonos” del Grupo de Expertos de la Comisión Europea, redactado en 1996, recomendaba: “Centrar la atención en los efectos no térmicos”, pues “No es posible garantizar de forma científica que los bajos niveles de radiación de microondas que no causan efectos perjudiciales para exposiciones relativamente cortas no causarán efectos adversos en exposiciones a largo plazo”.

Los Estados miembros de la Comunidad Europea incumplen su deber de informar a los ciudadanos. Incumpliendo lo establecido por la Recomendación del Consejo de la Unión Europea y, concretamente, en el caso del Estado Español por la Constitución Española, Art. 51.2 CE. Entre estos incumplimientos está el Principio de Precaución incluido en el artículo 130 R del Tratado Comunidad Europea —que es vinculante para los Estados miembros—, así como el Principio ALARA que equivale al nivel más bajo que razonablemente sea posible, en virtud del cual, y según definición de la Organización Mundial de la Salud “es preciso en este ámbito tender a la optimización de la menor exposición posible a radiaciones electromagnéticas”.

Esta Recomendación del Consejo Europeo es una versión menguada del Dictamen emitido en el año 1999 por el Parlamento Europeo en esta cuestión (véase Resolución legislativa que contiene dicho Dictamen en Procedimiento de consulta relativa a la exposición de los ciudadanos a los campos de contaminación electromagnética de 0 Hz a 300 GHz), Dictamen emitido a su vez a la vista de los respectivos informes de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Protección del Consumidor y de la opinión de la Comisión de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Energía de la Comunidad Europea, es decir, los técnicos que entienden de esta cuestión, y que exponen bien claro:

«Considerando 4: Considerando que es absolutamente necesaria la protección de los ciudadanos de la Comunidad contra los efectos nocivos para la salud o potencialmente nocivos a largo plazo, que se sabe pueden resultar de la exposición a campos electromagnéticos;

«Considerando 8: Considerando que de conformidad con el principio de cautela, ese marco, que puede recurrir a la amplia documentación científica ya existente, debe eliminar cualquier riesgo potencial para la salud humana, debe basarse en los mejores datos y asesoramiento científico disponibles en el momento actual e incluir estrictas restricciones básicas y niveles de referencia en relación con la exposición a campos electromagnéticos;

«Recomendación II, letra b): aplicarán medidas con arreglo a dicho marco, en relación con las fuentes o prácticas que den lugar a la exposición electromagnética de los ciudadanos y se asegurarán de que en las zonas donde vive la población o transcurre una parte importante de su tiempo se apliquen los niveles más altos de protección y se actualice continuamente la investigación sobre los efectos para la salud y la protección de la misma».

Pero es más, el Parlamento Europeo, 10 años después, en su Resolución de 2 de abril de 2009 (punto 1 y 2) instó a la Comisión a que revisase el fundamento científico y la adecuación de los límites de campos electromagnéticos fijados en la Recomendación de 1999 y pidió que se prestase especial atención a los efectos biológicos, especialmente si se tiene en cuenta que algunos estudios han detectado que radiaciones de muy bajo nivel ya tienen efectos muy nocivos. Así mismo piden a los Estados miembros que sigan el ejemplo de Suecia y reconozcan la hipersensibilidad eléctrica como una discapacidad, con el fin de garantizar una protección adecuada e igualdad de oportunidades a las personas que la sufren.

La Resolución del Parlamento Europeo del 2008 y la del 2009 sobre las consideraciones sanitarias relacionadas con los campos electromagnéticos avisan que “los resultados de las nuevas investigaciones científicas confirman la existencia de efectos biológicos no térmicos a niveles muy por debajo de los actualmente permitidos y que entrañan un importante riesgo para la salud de la población general y especialmente para algunos grupos más vulnerables”.

Estas recomendaciones no son consideradas por muchos de los estados miembros y vulneradas continuamente por parte de las compañías. Todo ello incluso tras la aparición de la Resolución 1815.

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