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Dispositivos electrónicos

Los dispositivos electrónicos están compuestos por transistores, circuitos integrados, válvulas termoiónicas y muchos otros elementos que combinados entre sí permiten la generación y detección de señales de distintas frecuencias y todas aquellas funciones que se pueden realizar mediante señales eléctricas.


Tableta

Una tableta por su funcionalidad tiene unas prestaciones similares a las de un ordenador pero sin teclado físico, con una pantalla sensible al tacto y un diseño plano, fino y compacto. La mayoría de los dispositivos de tableta salen de fábrica con conexión 3G, 4G y wifi, para acceder a internet, navegación web, email, reproducir videos, ver fotos y escuchar música, y estar conectados a Internet de forma permanente y prácticamente en cualquier lugar.

Mantener las tabletas o los ordenadores portátiles en modo wifi cerca de los testículos puede generar una disminución de la fertilidad masculina debido al efecto no térmico. Además, las personas expuestas a las radiaciones procedentes del wifi suelen padecer en primera instancia mareos, migrañas, arritmias, pérdida de concentración, fatiga, vértigos, insomnio, náuseas, irritabilidad, amnesia o falta de memoria y déficit de atención o de capacidad de la concentración, etc. Los estudios científicos muestran que a largo plazo se pueden producir otros trastornos mayores: daño en el ADN, cáncer, pérdida de espermatozoides, etc.


Aparatos vigila bebés

Los aparatos y cámaras vigila bebés tipo DECT que usan los padres para ver y oír si su hijo llora, emiten intensos campos de microondas de forma continuada. Incluso los considerados de baja radiación, ya que emiten menos radiación que otros modelos, deberían evitarse en los dormitorios de los bebés, que deberían ser consideradas zonas libres de radiaciones.

Los niños de corta edad son mucho más sensibles a los campos  electromagnéticos que una persona más desarrollada, y su capacidad inmunológica es mucho más débil, y un fuerte estímulo de microondas crea un ambiente muy desfavorable, incompatible con el buen descanso. Hay que eliminar estos sistemas para prevenir problemas de salud de los bebés ya que les afectan durante muchas horas en sus propios dormitorios.


El teléfono móvil

Los teléfonos móviles emiten radiaciones de alta frecuencia que provocan importantes efectos en el organismo, especialmente en el cerebro. Siendo que todos los modelos generan fuertes alteraciones biológicas, por su modulación y potencia los UMTS son peores que los GSM. En ambos casos no es posible eliminar la radiación que llega al usuario.

Debido al reducido tamaño de su antena, la energía irradiada se concentra a pocos centímetros del cerebro, por lo que las radiaciones electromagnéticas inciden en los usuarios directamente en la caja craneal y en el cerebro.

Desde la Fundación Vivo Sano hemos instado al gobierno a que prohíba el uso de móviles a niños ya que son particularmente sensibles a estos campos electromagnéticos, y si empiezan a usarlos a corta edad el período de exposición de mayor peligro se extiende muchos años y los riesgos se multiplican exponencialmente.

La radiación penetra con mayor facilidad en la médula gris y la corteza cerebral de los niños que en los adultos. El cráneo de los niños es menos grueso que el de los adultos por lo que la radiación penetra en el cerebro con más facilidad, y además sus cerebros son menos densos y más fluidos, y por tanto tienen mayor permitividad (cómo el campo les afecta) y conductividad eléctrica.

Niños de cuatro o cinco años usan teléfonos móviles para jugar y a tan temprana edad pueden verse afectados con alteraciones del comportamiento, daños neurológicos y en su desarrollo.

Es urgente prohibir la publicidad de teléfonos móviles y otras tecnologías dañinas para la salud dirigidas a los niños o a los padres que aún creen que tales tecnologías son adecuadas para sus hijos.

Frey ha advertido públicamente en repetidas ocasiones que la generación de adolescentes usuarios de teléfonos celulares podrá sufrir déficit mental o Alzheimer a edad temprana.

En los años 70, varios científicos, caso de Hunt en 1975 o Servantie en 1977, entre otros, encontraron datos de alteraciones de la actividad de ratones que habían sido expuestos a radiaciones de microondas pulsantes. Baranski en 1976 comprobó que se produce una disminución motora significativa y perturbaciones en el aprendizaje de ratones, y Seaman, en 1981, observó que las microondas pulsantes tenían efecto sobre su comportamiento sexual.

Lynch y Baudry, en 1984, defendieron la tesis de que la facultad de la memoria se puede ver afectada por la radiación de alta frecuencia pulsante. También el doctor Herry Lai, de la Universidad de Seattle en Estados Unidos, constató en 1999 efectos de pérdida de memoria muy significativos en un experimento con ratones sometidos a radiaciones de telefonía móvil.

El doctor Lebrecht von Klitzing realizó en 1994 trabajos con estudiantes voluntarios que demuestran que las radiaciones emitidas por los teléfonos móviles alteran la frecuencia cerebral de forma altamente significativa. La densidad de potencia a la que se detectan alteraciones de las frecuencias cerebrales es de 0,1 μW/cm2, y que estas alteraciones cerebrales aún son manifiestas estando el foco emisor; es decir, una estación base en las inmediaciones o un teléfono situado a una distancia de 90 metros. Esto sucede en algunos de los modelos de teléfono estudiados, pero todos los modelos que se usaron en la investigación a una distancia de 10 metros provocaban una alteración del electroencefalograma, por lo que el riesgo no se circunscribe solamente al usuario, además afecta a su alrededor, aunque el más afectado sea quien lo usa.

Todas las personas, especialmente las más electrosensibilizadas, padecen estas situaciones de sujetos pasivos ante la dificultad de encontrar lugares en donde no haya un móvil funcionando a menos de esa distancia que se sabe supone un riesgo para su equilibrio biofísico. Klitzing comprobó que los efectos derivados de la exposición a campos electromagnéticos, tales como los producidos por teléfonos móviles, se podían detectar en las ondas cerebrales días después de su uso. Por lo que su efecto no se reduce al momento de la exposición, sino que perdura durante algún tiempo. Después de 15 minutos de uso se producen unas fuertes perturbaciones en las ondas cerebrales que, tal como se comprueba con el electroencefalograma, perduran durante 24 horas. Incluso, durante el sueño se comprueba que las fases de sueño intenso se reducen significativamente, lo cual produce una alteración en los procesos de información cerebral.

Los estudios realizados por Wiart (2008) y Kuster (2009) muestran que el campo emitido por un móvil penetra el doble de profundidad en el cerebro de un niño que en el de un adulto, y los efectos negativos en comparación entre niños, jóvenes y adultos se detectan hasta los veinte años de edad, especialmente una menor integración neuronal y de mielina. Uno de los efectos más evidentes de la menor integración neuronal es la pérdida de tiempo entre estímulo y respuesta. La pérdida de la mielina ocasiona graves trastornos del sistema nervioso, ya que provoca que los impulsos eléctricos no se conduzcan con suficiente velocidad o se detengan en mitad de los axones. Lo que favorece la aparición de distintas enfermedades, como la esclerosis múltiple. La mielina es una lipoproteína que se encuentra en el sistema nervioso y forma una gruesa capa alrededor de los axones de las neuronas y permite la transmisión de los impulsos nerviosos entre distintas partes del cuerpo gracias a su efecto aislante.

El trabajo de Repacholi de la Organización Mundial de la Salud en 1997 muestra como una cepa de ratones transgénicos expuestos continuamente a 900 megahercios (sistema GSM) aumentaba al doble el número de linfomas. De esta manera se demuestra la relación entre este tipo de exposición y el desarrollo de tumores.

El doctor David de Pomerai de la Universidad de Nottingham demostró que existen altos niveles de alteraciones por calentamiento en proteínas (andamiaje celular reparador de emergencia) producido por exposición del teléfono de tecnología GSM, así como un calentamiento no mensurable del tejido: menos de 0,1 grado centígrado.

Un estudio presentado en 2006 y realizado por Emilio Mayayo, Leopoldo J. Anghileri y Rosa Mayayo en la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona muestra que las radiofrecuencias emitidas por los teléfonos móviles acelera la carcinogénesis. En sus conclusiones los investigadores indican que las radiofrecuencias inducen la formación de tumores linfoides en los diferentes órganos estudiados en los animales expuestos, y advierten de los riesgos del uso de los teléfonos móviles, sobre todo en niños y jóvenes. Los teléfonos móviles llevan incorporada una función llamada “Control Adaptativo de Potencia” (APC), mediante la cual el teléfono es capaz de adaptar continuamente su potencia de emisión a unos valores establecidos como mínimos de calidad de recepción de la señal de la estación base. En cualquier circunstancia las radiaciones que provocan los teléfonos móviles actuales, en el mejor de los casos, siguen siendo elevadísimas y más teniendo en cuenta que esa transmisión discontinua genera unos bruscos cambios y picos de radiación que supone un importante impacto sobre el usuario.

Incluso las desfasadas recomendaciones del ICNIRP no siempre se cumplen en un teléfono móvil.

Los teléfonos móviles emiten omnidirecionalmente con polarización vertical, y operan con señales pulsantes de microondas para producir una señal digitalizada. Este fenómeno pulsante se ha demostrado más agresivo que las ondas continuas con respecto a posibles daños celulares y cancerígenos.

Se recomienda que las personas que llevan marcapasos no utilicen el teléfono móvil. Los teléfonos móviles son capaces de producir interferencias en los equipos médicos electrónicos. Por eso podemos ver señales de aviso en determinadas áreas hospitalarias donde se emplean equipos electrónicos de diagnóstico que prohíben utilizar teléfonos móviles.

En los aviones también está prohibido su uso debido a la interferencia que provocan en los instrumentos de vuelo. Durante años se ha obligado a los pasajeros a apagar el teléfono móvil y otros dispositivos inalámbricos emisores de radiofrecuencias durante el vuelo para evitar las interferencias con los sofisticados dispositivos o instrumentos electrónicos de navegación del avión para evitar accidentes. Aunque actualmente algunos modelos de aviones empiezan a llevar sistemas de protección para evitar dichas interferencias.

Las empresas Esso, Shell, British Petroleum y Cepsa en España asimismo prohíben el uso de teléfonos móviles en las gasolineras por el riesgo de explosiones o interferencias en los surtidores, generados por las microondas, situando un radio de exclusión de 10 metros. Estas normas se producen a partir de una explosión que se produjo en una gasolinera de Japón. Y aunque para Shell la posibilidad de una explosión parece remota, afirma que “nuestros estudios recomiendan la prohibición”. En abril de 2000 también se prohibió el uso del teléfono móvil en la principal compañía ferroviaria de Japón.

Sin embargo, vemos que estas precauciones no se aplican a los seres humanos, siendo que éstos son mucho más sensibles que los mecanismos de una gasolinera, un avión o un marcapasos, por lo que es absurdo pensar que un mismo campo electromagnético no va a interferir de forma similar en sus procesos fisiológicos, tanto ante la exposición a la radiación de una estación base como a la de un teléfono móvil.

Los teléfonos móviles en espera emiten una frecuencia ultra baja de 2 hercios. Por ello es importante no llevarlo pegado al cuerpo en bolsillos, corpiños, etc., y no tenerlo en la mesilla de noche, ya que al dormir el cerebro reduce sus frecuencias hasta entrar en el niveles de ondas cerebrales delta de sueño profundo, que coinciden con esas frecuencias ultra bajas de los teléfonos móviles y por tanto pueden verse interferidas y causar trastornos del sueño y cansancio durante el día.


Epidemiología en usuarios del teléfono móvil

Según los resultados de distintas investigaciones, las microondas de la telefonía digital provocan una aceleración del crecimiento de células cancerosas, especialmente en los casos de tumores cerebrales. Igualmente parece que hay una correlación entre los tumores cerebrales del lado derecho de la cabeza y el uso del teléfono en ese lado de la cabeza y, por lo tanto, más expuesto.

George L. Carlo, de Wireless Tecnology Research LLC de Estados Unidos en su informe de octubre de 1999 aduce que el porcentaje de muertes por cáncer cerebral entre los usuarios de teléfonos móviles es más elevado que el porcentaje de muertes por cáncer cerebral entre quienes no utilizan teléfonos móviles. Asimismo, indica que el riesgo de una neuroma acústica, un tumor benigno en el nervio auditivo que está cercano a la radiación que reciben los usuarios por la antena del teléfono móvil, es un cincuenta por ciento más elevado. El riesgo de tumores neuro-epiteliales en la parte externa del cerebro, es más del doble en los usuarios de teléfonos móviles comparado con personas que no los usan.

El doctor Carlo, en una carta dirigida en abril del 2000 al Sr. Armstrong, Presidente de AT&T Corporation, manifestó su preocupación por las muertes por tumor cerebral entre los usuarios de teléfonos móviles, aduciendo que no se habían tomado las medidas apropiadas de protección. Hoy tantos años después no es que no se hayan tomado, sino que la problemática ha aumentado drásticamente.

Carlo dice que: “De manera alarmante, hay indicios de que algunos segmentos de la industria han ignorado las conclusiones científicas que sugieren potenciales efectos sanitarios, han afirmado de forma repetitiva y falsa que los teléfonos móviles son seguros para todos los consumidores incluyendo niños, y han creado una ilusión de seguimiento responsable pidiendo y apoyando más investigación”. “Estoy especialmente consternado a propósito de lo que aparentan ser acciones de los segmentos de la industria para reclutar al FCC, la FDA y la Organización Mundial de la Salud”. “El índice de muerte por cáncer del cerebro entre los usuarios que sujetan el teléfono con la mano era mayor que el índice de muerte entre aquellos que usan el teléfono separado de su cabeza”.

El profesor Joel Moskowitz, de la Universidad de California en Berkeley, después de analizar los resultados de los estudios realizados sobre la relación entre los tumores cerebrales y el uso del teléfono móvil, llegó a la conclusión de que existe “una evidencia consistente de que el uso intenso de teléfonos móviles durante diez años o más eleva el riesgo de padecer tumores cerebrales al menos en un 30%”.

En su informe para el gobierno británico, el doctor Steward hace años alertaba de que: “En la línea de nuestro enfoque de precaución, en este momento, nosotros creemos que se tiene que desalentar el amplio uso de teléfonos móviles en los niños, para llamadas no-esenciales. Si actualmente hay efectos sanitarios adversos reconocidos por el uso de teléfonos móviles, los niños pueden ser más vulnerables ya que su sistema nervioso está en desarrollo y se produce una mayor absorción de energía en su cabeza”.

Los estudios realizados por el profesor Lebrecht von Klitzing, de la Universidad de Lübeck, consistieron en someter la cabeza de unos voluntarios a una radiación de alta frecuencia, con modulación pulsante de baja frecuencia, como la que se puede encontrar en un radio de un kilómetro de una estación emisora de telefonía móvil en dosis muy inferiores a las que ciertas recomendaciones internacionales (ICNIRP...), nacionales (Alemania, España...) consideran como seguras.

Klitzing constató que en valores mil veces menores a los que se contemplan en estas normativas se producía una fuerte alteración reproducible en los electroencefalogramas de las personas expuestas. En sus conclusiones Klitzing dice: “Las investigaciones indican que la estimulación periódica producida por la frecuencia pulsante de los teléfonos digitales obtiene una respuesta a nivel biológico. Hay indicios concretos de que la impresión periódica a baja frecuencia de un determinado esquema o modelo, es almacenado como información por los sistemas biológicos, que lo conservan aún después de haber cesado la exposición”.

En base a sus propios trabajos y a los de muchos otros, en junio de 2000, el doctor Repacholi, recomendó a los fabricantes que redujesen voluntariamente las emisiones y recomendó que el público limite su exposición a estas emisiones y que los usuarios abrevien la duración de las comunicaciones. Sin embargo, no indicó cuáles deben ser los límites de estas exposiciones e insistió en esperar para adoptar medidas hasta que no estuviesen definidas las consecuencias sanitarias de las microondas de telefonía móvil, siguiendo las directrices de los argumentos de las compañías de telefonía de que simplemente hay que seguir investigando sin adoptar medidas preventivas. De esto han pasado muchos años (y muchos más desde que se usan esos mismos argumentos) y las cosas no siguen igual, sino que han empeorado significativamente a pesar de que se han realizado miles de investigaciones científicas que han definido con meridiana claridad las consecuencias sanitarias de la exposición a campos electromagnéticos y especialmente en relación a las microondas.

Según afirmaba Cherry en mayo de 2000: “La radiación del teléfono móvil sigue los efectos que hemos encontrado a través del espectro de radiaciones electromagnéticas en más de 45 estudios publicados, mostrando efectos biológicos adversos específicos de la radiación del teléfono móvil. Los nuevos teléfonos digitales tienen la señal pulsada de microondas para producir una señal digital. Los pulsos se ha demostrado que son peores que las ondas continuas con respecto a provocar daño celular y cáncer”. Y recomienda a los usuarios que no guarden el teléfono móvil en el bolsillo sobre el pecho o en el cinturón cerca del hígado, riñones, matriz o testículos, porque la radiación de microondas puede alterar los cromosomas donde quieran que estén, y no sólo mientras se habla por el móvil.

Un estudio realizado por dos centros de investigación alemanes para el Parlamento Europeo, desaconseja que los niños y los adolescentes usen teléfonos móviles de forma prolongada, teniendo en cuenta su vulnerabilidad a efectos potencialmente nocivos sobre la salud. El informe elaborado por el Departamento de Física de la Universidad General de Investigación del Parlamento Europeo y el Instituto Internacional de Biofísica de Alemania, advierte de que las radiaciones que emiten los móviles y las antenas repetidoras de la señal, podrían ser la causa de tumores poco frecuentes, denominados “neuroma epitelial” en la periferia del cerebro. Hay que considerar que el cerebro en formación de los niños puede absorber un 50% más de radiación, con lo cual es mucho más sensible a los efectos de las microondas.

También la Universidad de Essen en Alemania informa sobre el riesgo de padecer cáncer de ojos “uveal melanoma” por exposición a radiación de microondas. La barrera sanguínea vitrosa que protege el ojo puede verse afectada por las radiaciones, tal como indican las investigaciones de Frey y de otros investigadores. Una investigación sobre el riesgo de desarrollar glioma, un tumor cerebral, en usuarios que usaron el teléfono móvil 30 minutos diarios durante 10 años, hasta el año 2004, mostró un 40% de incremento del riesgo. Hay que considerar que un glioma tarda en desarrollarse entre 15 y 30 años y la generalización del uso de la telefonía móvil en esa fecha era inferior a ese periodo y que además hoy en día el uso del teléfono móvil está mucho más extendido. Actualmente hay más teléfonos móviles que habitantes.

Un estudio sueco publicado en el 2007 mostró que los usuarios de teléfonos móviles que lo usaron más de 2.000 horas multiplicaron el riesgo de cáncer cerebral. El estudio Efectos no térmicos y mecanismos de interacción entre campos electromagnéticos y la materia viva publicado en noviembre del 2010, demostró que los usuarios de teléfonos móviles que lo usaron 1.640 horas o más tenían un 40% más riesgo de padecer glioma. La doctora Siegal Sadetzki llevó a cabo en el 2008 un estudio en el Instituto Gertner de Epidemiología e Investigación de Políticas de Salud del Centro Médico Sheba de Israel, en el que se encontró una relación entre el uso del teléfono móvil y el desarrollo de tumores. Estas investigaciones son parte del estudio internacional Interphone, promovido por la OMS, para determinar una asociación entre los teléfonos celulares y varios tipos de tumores del cerebro y de la glándula parótida. La parótida es una glándula salival que está situada a ambos lados de la cara, debajo del pabellón auditivo externo, en la zona donde se sitúa el teléfono móvil al hablar. Sadetzki, médica, epidemióloga y profesora de la Universidad de Tel Aviv, publicó los resultados de su estudio en el American Journal of Epidemiology.

Sus conclusiones son claras: los usuarios de teléfonos móviles están sujetos a un mayor riesgo de tumores benignos y malignos de la glándula salival, la parótida, que se encuentra cerca de la mejilla. Los usuarios que utilizan el teléfono móvil más en un determinado lado de la cabeza tienen un riesgo mayor del 50% de desarrollar un tumor de la parótida en esa zona, en comparación con aquellos que no usan teléfonos móviles. Sadetzki predice que con el tiempo los mayores efectos de tumores por el uso del teléfono móvil se encontrarán entre los adultos que usen con frecuencia el teléfono móvil y en los niños, y el gran problema es que hoy en día se estima que más del 90% por ciento de la población del mundo occidental utiliza teléfonos móviles, y que conforme la tecnología se vuelve más barata y más accesible, el número de usuarios aumenta, incluidos los niños.

Precisamente los niños y los adolescentes tienen un índice de riesgo más elevado de desarrollar tumores en la glándula parótida y tumores cerebrales. Como hemos dicho, los huesos de los cráneos de los niños tienen menos espesor que los de los adultos, lo que facilita una mayor penetración de la radiación hasta el cerebro medio, en donde los tumores son más virulentos. Si a ello sumamos que sus células se reproducen con más rapidez, el riesgo aumenta exponencialmente.

La doctora Sadetzki testificó ante el Senado de los Estados Unidos que los teléfonos móviles eran uno de los principales causantes del cáncer de glándulas salivales, y que el riesgo de desarrollar un tumor de parótida en el mismo lado en donde el usuario se pone el teléfono móvil se eleva según el tiempo de uso:
  • Un 34% si se usa el teléfono móvil de forma regular y durante más de cinco años.
  • Un 49% si se ha hablado por el teléfono móvil durante una media de más de 266 horas a lo largo del tiempo.
  • Un 58% si se realizan más de 5.500 llamadas.
Un aspecto importante dentro de los resultados mostrados en el estudio realizado en el Instituto Gertner de Epidemiología e Investigación de Políticas de Salud de Israel por la doctora Siegal Sadetzki, no fue sólo la relación entre el uso del teléfono móvil y el desarrollo de tumores, sino que el estudio también encontró un mayor riesgo de cáncer entre los usuarios que vivían en zonas rurales. Esto es debido a que en las áreas rurales hay menos cobertura por el menor despliegue de antenas, y esto hace que los teléfonos móviles aumentan su potencia para recibir más eficazmente la señal. Por ello, es fundamental reducir al máximo el uso del teléfono móvil y sólo usarlo en caso de necesidad en zonas donde hay buena cobertura.

El doctor Lennart Hardell dirigió dos estudios caso-control sobre los tumores cerebrales diagnosticados entre 1997 y 2003 en el Departamento de Oncología del Hospital Universitario de Orebro en Suecia en la relación entre el glioma y el uso de teléfonos móviles y de los inalámbricos. Según Lennart: “Nuestro primer estudio indicó un aumento del riesgo para los tumores cerebrales en el área más expuesta del cerebro”. En el estudio se incluyeron 1.617 pacientes vivos en el momento de realizar el trabajo entre 20 y 80 años de edad de ambos sexos con tumores del cerebro diagnosticados durante el periodo 1997-2000. Es sus conclusiones destaca que: “Este estudio mostró un riesgo incrementado para los tumores del cerebro entre los usuarios de teléfonos móviles analógicos”.

Otro estudio adicional se realizó en los casos de fallecidos por un tumor maligno en el cerebro comparado con un grupo control de fallecidos. En conclusión, el uso de teléfonos móviles e inalámbricos aumentó el riesgo de glioma, especialmente en el grupo de edad menor de 20 años. Posteriormente, en el mes de mayo de 2000 se presentó un informe realizado por el doctor Hardell en el prestigioso Instituto Karolinska en Estocolmo en Suecia, sobre 209 enfermos de cáncer cerebral, cuyas conclusiones indican la necesidad de que los usuarios de teléfonos móviles limiten su uso. Según Hardell, los adolescentes que comienzan a hacer uso del teléfono móvil tienen un riesgo de 4 a 5 veces mayor de desarrollar cáncer cerebral cuando sean adultos.

El 20 marzo de 2000 se publicaron los resultados del estudio sobre los “Efectos de los campos electromagnéticos emitidos por teléfonos celulares sobre el electroencefalograma durante una tarea de memoria”, realizado en el Centro de Neurociencia Cognitiva y Departamento de Psicología de la Universidad de Turku, en Finlandia, por parte de Krause y sus colaboradores. Se estudiaron los efectos de los campos electromagnéticos emitidos por teléfonos celulares sobre sujetos normales mientras desarrollaban una prueba de memoria. Todos los sujetos llevaron a cabo la prueba con y sin exposición a un campo electromagnético digital de 902 MHz. La exposición al campo electromagnético incrementó significativamente la intensidad del electroencefalograma exclusivamente en la banda de frecuencias de 8-10 Hz. No obstante, la presencia del campo electromagnético alteró las respuestas en todas las bandas de frecuencia estudiadas como una función del tiempo y del trabajo de memoria. En sus conclusiones, los investigadores del Centro de Neurociencia Cognitiva indican: “Nuestros resultados sugieren que la exposición a campos electromagnéticos no alteran el resto del electroencefalograma por sí, pero modifican las respuestas cerebrales significativamente durante un trabajo de memoria”.

En el año 2008 los investigadores estudiaron 13.000 casos de niños y descubrieron que la exposición a la radiación de teléfonos móviles mientras están en el útero, les genera problemas de conducta al nacer. También comprobaron que los niños expuestos durante su infancia tenían más probabilidades de padecer trastornos de hiperactividad y problemas de conducta y en la manera en la que se relacionan cuando llegan a la escuela, y el riesgo se volvió aún mayor si los niños utilizaban teléfonos móviles antes de los siete años.

El estudio mostró que las madres que utilizaban teléfonos móviles tenían una probabilidad 54% más alta de que su hijo tuviese problemas de conducta. Si a esto se sumaba que los niños comenzaban a utilizar los teléfonos móviles, los porcentajes de riesgo eran muy significativos en distintos tipos de trastornos:
  • 80% más probabilidades de padecer trastornos de conducta.
  • 49% más proclives a tener problemas con la conducta.
  • 35% más de ser hiperactivos.
  • 34% más de tener dificultades para relacionarse con los demás.
  • 25% más riesgo de problemas emocionales.
Un estudio sobre tumores cerebrales malignos diagnosticados entre 2007 y 2009 y el uso de teléfonos móviles e inalámbricos, realizado asimismo por Lennart Hardell y su equipo de científicos, confirmó los resultados de estudios anteriores de una asociación entre el uso de teléfonos móviles e inalámbricos y los tumores cerebrales malignos. Estos resultados apoyan la hipótesis de que las radiofrecuencias pueden jugar un papel tanto en la iniciación como en la promoción de las etapas de la carcinogénesis.

Stephen F. Cleary, del Medical College de Virginia, investigó con frecuencias atérmicas superiores e inferiores a las producidas durante el trabajo del teléfono, constatando que estimulan el crecimiento de células tumorales en el cerebro.

Un estudio publicado en el año 2009, mostró que los hombres que llevaban el teléfono móvil en el cinturón junto a la cadera, en un promedio de 15 horas diarias durante seis años tenían un aumento del riesgo de padecer una disminución de la densidad mineral ósea en esa zona, en concreto de la pelvis, en donde llevaban el teléfono móvil. Esto se debe a que el aparato emite radiofrecuencias intermitentemente y bajas frecuencias constantemente aunque no se esté hablando por él. La doctora Magda Havas en el 2010 llevó a cabo un estudio sobre la variabilidad de la frecuencia cardíaca por efecto de la radiación de microondas procedente de los teléfonos móviles, que afectaba al sistema nervioso autónomo, y que fue publicado en el European Journal of Oncology Biblioteca.

García Callejo y sus colaboradores del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, realizaron un estudio en donde comprobaron una tendencia entre el tiempo de uso del teléfono y pérdidas de audición. Según la otoneuróloga Alma Peaqueira Romero, del Hospital General Regional Carlos Mac Gregor Sánchez Navarro cada año se atienden casi 1.700 casos con pérdida de audición en afectados por el uso excesivo del teléfono móvil y de otros dispositivos de audio que pueden provocar trauma acústico, que es un daño al oído interno que provoca la pérdida de audición. La otoneuróloga opina que utilizar aparatos de ese tipo muy cerca del oído afecta a órganos del oído interno como la cóclea, lo cual deriva en una disminución de la capacidad auditiva, y que ese trastorno lo presenta el cinco por ciento de la población, pero podría crecer hasta un diez por ciento por el uso indiscriminado del teléfono móvil.

Estudios anteriores han mostrado una asociación consistente entre el uso a largo plazo de teléfonos móviles e inalámbricos y enfermedades como el glioma y el neuroma acústico.

Por su parte, el jefe de Neurología Pediátrica del Hospital General del Centro Médico Nacional La Raza de Distrito Federal en México, José Reyes de la Cruz, ha comprobado que la utilización del teléfono móvil más de 30 minutos al día puede suponer un riesgo para la salud, ya que la radiación que emite calienta los tejidos cercanos al oído, y produce sensación de calor en la oreja, adormecimiento u hormigueo cuando se recibían en períodos cortos llamadas que en suma superaron los 30 minutos de duración y que se puede llegar a perder el registro de sonidos agudos y provocar daños irreversibles.

Muchos casos de niños con cefaleas persistentes son atendidos en urgencias de los servicios infantiles, originadas incuestionablemente –según la opinión de los médicos que los atienden— por el uso del teléfono móvil.

En el 2013, Marrongelle y Havas de la Trent University Petersborourgh de Canadá confirmaron los hallazgos encontrados con los teléfonos móviles en un nuevo estudio sobre la variabilidad del ritmo cardíaco producido por los teléfonos inalámbricos.

Ese mismo año, Bélgica prohibió la venta de teléfonos móviles a menores de siete años en las tiendas y en Internet. El ministro de salud pública, Laurette Onkelinx, anunció que, ya que el riesgo de la radiación es mayor en los niños que en los adultos, también se implantaría la prohibición de la publicidad de teléfonos móviles durante los programas infantiles de radio, televisión e Internet. Asimismo, desveló que se establecería otra medida legislativa encaminada a la prestación obligatoria de suministrar un kit manos libres con los teléfonos móviles.


Momentos de máxima emisión de los teléfonos móviles

  • Cuando se habla o se envían y se reciben mensajes en lugares de baja cobertura: interior de vehículos, edificios, sótanos, estructuras de hormigón armado, etc.
  • Mientras el usuario se desplaza y el teléfono cambia de estación base.
  • Cuando el teléfono es buscado periódicamente por la estación base para ubicar su posición.
  • Cuando suena una llamada entrante o saliente, hasta que se establece contacto.

Recomendaciones en caso de uso del teléfono móvil

  • Antes de comprar un teléfono móvil, es importante comprobar que es un modelo de los que menos radiación emiten y que tiene antena externa.
  • Hablar o enviar mensajes en lugares con buena cobertura.
  • Evitar llevar el teléfono móvil pegado al cuerpo, incluso cuando no se usa, especialmente en el bolsillo del pantalón, mejor llevarlo en un bolso, ya que aún en espera emite un campo bajo pero continuo de unos pocos hercios. Además, mientras el teléfono móvil se mantiene encendido, aunque no se utilice, cada cierto rato su circuito electrónico envía ráfagas de datos por la antena, bien para tratar de no perder la cobertura con la antena base, o bien para tratar de recuperarla cuando la ha perdido.
  • Cuando no se use mantenerlo apagado, ya que encendido emite radiaciones intermitentemente aunque no se esté usando.
  • Mantener lo más alejado posible el teléfono mientras se establece la conexión y durante la conversación.
  • Utilizar el modo altavoz, auriculares con cables apantallados o dispositivos de manos libres. Los manos libres reducen la dosis que recibe el usuario, pero no le protege, ni tampoco a las personas que están alrededor, que reciben una fuerte dosis como “usuarios” pasivos.
  • Reducir su uso al mínimo. Llamadas menos frecuentes y de menor duración.
  • Limitar su uso diario, y procurar dejar pasar varios días de descanso entre días de uso.
  • Usar fundas que apantallan en cierta medida de las radiofrecuencias.
  • La única solución segura es no usar el teléfono móvil y no estar cerca de quienes lo usan.
  • Cuanto más cerca de la estación base esté el usuario, menor potencia precisa el teléfono y, por tanto, menor dosis recibe.
  • Los niños, adolescentes y embarazadas deben evitar su uso.
  • Las personas que llevan marcapasos, bombas de insulina, etc., no deberían usar teléfonos móviles o al menos llevarlos lo más alejados posible de los implantes.
  • No usar el teléfono móvil en el interior de edificios, especialmente con estructuras metálicas, ni en sótanos, ascensores o vehículos: coches, autobuses, trenes, etc., y en general en zonas con señal de cobertura débil, ya que el teléfono aumenta automáticamente su potencia.
  • Enviar mensajes de texto en vez de hablar.
  • Usar preferentemente un teléfono fijo.

Cómo valorar el riesgo

El teléfono móvil emite la radiación directamente a la cabeza del usuario sin ninguna clase de protección. Teniendo en cuenta que el cerebro está a poca distancia del foco emisor y que la emisión de radiación supera en millones de veces a las que provocan efectos neuronales, los riesgos son más que evidentes, aun cumpliéndose las normas de seguridad existentes, pues queda patente en multitud de investigaciones que no protegen contra los efectos nocivos para la salud.

La energía del campo propagado por el teléfono móvil es absorbida hasta en un ochenta por ciento por el usuario, especialmente en la cabeza, por ser la parte más cercana al foco, y la calienta en algunas partes hasta cerca de un grado, caso de las meninges, el nervio óptico y el hipotálamo, entre otras. Además, claro está, del efecto atérmico.

El usuario del teléfono móvil ha de calcular el riesgo sanitario y valorar las fuentes de información para poder protegerse de la radiación de estos emisores de microondas. El riesgo es proporcional a la radiación recibida, pero no sólo al del momento en que se utiliza sino a todo el acumulado a lo largo del tiempo.

Es importante utilizar el móvil solamente cuando haya buena cobertura, ya que el teléfono móvil aumenta la potencia cuando la cobertura es menor.

El sistema de manos libres sin cable reduce las dosis que recibe el usuario al separar el foco emisor de la cabeza: a mayor separación del foco menor dosis. En cuanto a los manos libres con cable, si el cable no está apantallado actúa como una antena receptora de las radiofrecuencias. Hay que trabajar en reducir al máximo la emisión de radiación de los teléfonos móviles y apoyar esta línea de investigación, ya hay modelos de manos libres que combinan un cable apantallado y un tubo que transmite el sonido al aire, y en poco tiempo, si se investigase más en esa línea, podrían crearse modelos de radiación prácticamente nula.

Hace años, a través de su amplia experiencia como investigador, el doctor George Carlo indicó que: “Desde una perspectiva de la salud pública, es esencial para los consumidores tener la información necesaria para poder hacer un juicio sobre qué parte de este desconocido riesgo desean asumir al usar su teléfono móvil”.

Rusia tiene normas de seguridad mucho más protectoras que la mayoría de países y sus autoridades recomiendan que los menores de 18 años eviten el uso de teléfonos móviles.


Teléfonos inalámbricos

Los teléfonos inalámbricos de uso doméstico utilizan para su funcionamiento radiofrecuencias, cercanas a las frecuencias de los teléfonos móviles.

Aunque su potencia es más reducida, los síntomas que se manifiestan después de hablar un cierto tiempo por uno de estos teléfonos son similares a los de los móviles: dolores de cabeza, mareos, pérdida de concentración y de vitalidad, etc. Estos síntomas están causados por factores atérmicos, y probablemente algunos de ellos también por la diferencia de calentamiento del fluido en el oído medio cuyo efecto se manifiesta en el sentido del equilibrio.

Hay que reducir la radiación que emiten los teléfonos inalámbricos, especialmente los que usan el sistema DECT de modulación pulsada. Es importante no tener teléfonos inalámbricos cuyas bases están todo el día emitiendo microondas de 1,8 GHz, caso de los DETC.

Un teléfono inalámbrico o su base con sistema DECT operan con más potencia que el wifi y con una frecuencia más baja, con lo que el campo que producen es de mayor intensidad, llega más lejos y traspasa con más facilidad los obstáculos. De hecho, podemos detectar la radiación de la base de un teléfono DECT o de un teléfono inalámbrico tras atravesar varias paredes o varias plantas de altura.

Cuanta menor es la frecuencia, más fácilmente penetra a través de paredes, tal como es el caso de las de extremada baja frecuencia de las líneas eléctricas, transformadores, electrodomésticos, etc. Por lo que además de eliminar en nuestra vivienda este tipo de electrodomésticos, hay que comprobar que no estén en la vivienda vecina, ya que muchas veces los podemos encontrar justo al otro lado de la pared de nuestra la cabecera de la cama en la mesita de noche del vecino. Cuantos insomnios, dolores de cabeza o cansancio injustificado, entre otros síntomas, se deben a la presencia de estos adversos aparatos en las cercanías de la cama.

El Ministerio de Sanidad Alemán hace pocos años dio la voz de alerta sobre el descontrol de las emisiones de radiaciones de los teléfonos inalámbricos y de los router wifi. De hecho, es un fenómeno habitual que las bases de los teléfonos DECT, los router wifi y otros focos emisores de radiaciones contaminen la propia oficina, la vivienda y las de los vecinos, especialmente cuando estos dispositivos se ponen junto a la pared de separación entre viviendas.

El profesor André Vander Vorst, miembro del Consejo Superior de Higiene de Bélgica, ha planteado que “los teléfonos DECT deberían de estar prohibidos en las viviendas”.

Los lugares más peligrosos son las mesitas de noche y la mesa de estudio o de trabajo para los usuarios y también para los vecinos, incluso, como decíamos, aunque estén al otro lado de la pared.

Hay alternativas en las que la base no emite, aunque en todos los casos el teléfono sí que lo hace mientras se usa.

La opción mejor es sin duda, el teléfono de siempre que funciona por cable. El teléfono fijo evita esta dañina exposición a radiaciones. Algunos modelos de teléfonos inalámbricos y sus bases no emiten radiaciones cuando el teléfono no está activo, son los llamados “ecológicos”, gracias a las tecnologías Eco. Aunque mientras se usa, los campos electromagnéticos que generan son elevados para el usuario y el entorno.



Extraído del libro:
 
"La enfermedad silenciada"
Raúl de la Rosa
Responsable de Contaminación electromagnética
Fundación Vivo Sano

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