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Electrodomésticos y otros focos de radiación

Los electrodomésticos son los focos de radiación electromagnética más importantes en el interior de una vivienda. Debido a la proximidad a que se encuentran de las personas, la radiación que provocan puede ser preocupante. No obstante, a diferencia de una línea de alta tensión, que afecta durante todo el tiempo que se pasa en un edificio expuesto a su influencia, los electrodomésticos tienen un tiempo de uso restringido, excepto cuando se trata de profesionales que, por su trabajo, los utilizan con asiduidad. Muchos de estos profesionales son grandes candidatos a padecer las enfermedades y trastornos que están ligados a la exposición a campos electromagnéticos y a la electrosensibilidad.


El radiorreloj

De todos los aparatos eléctricos presentes en el hogar, el radiorreloj es, quizás, el que provoca mayores trastornos en el sueño de las personas que duermen junto a él y, a la larga, se puede convertir en un elevado factor de riesgo para la salud. El radiorreloj suele llevar en su interior un transformador (normalmente de baja calidad) y un motor, que producen un fuerte campo electromagnético. Al situarlo sobre la mesita de noche, cerca de la cabeza, su campo incide directamente sobre ella, lo cual impide descansar de forma adecuada, pues, tal y como hemos ido viendo, los biorritmos se alteran al estar sometidos a campos electromagnéticos. El radiorreloj eléctrico es, sin duda, uno de los mayores enemigos del sueño.

El mayor peligro de este aparato es el estrés que produce, debido a que su campo electromagnético incide en la persona precisamente durante el sueño, que es cuando más necesita rodearse de un ambiente relajante. El efecto que puede provocar inicialmente es: insomnio, irritabilidad, cansancio y depresión, entre otros trastornos.

La solución consiste en alejarlo a más de un metro de distancia, aunque lo más aconsejable, sería cambiarlo por uno que funcione a pilas o por uno mecánico.

Al situar la cabecera de la cama en la pared de separación con la vivienda contigua, el radiorreloj u otro aparato eléctrico del vecino puede afectarnos, casi de la misma forma que si estuviera en nuestra propia mesita de noche.

También que tener cuidado con los cables de los aparatos cercanos a la cama, caso del radiorreloj, o de las lamparillas que se ponen en las mesitas de noche, que afectan a la cama y a las personas que duerme en ella.


La maquinilla de afeitar eléctrica

Este pequeño aparato genera un elevadísimo campo magnético y eléctrico, que somete a la persona a una elevada tensión. Existen estudios como el de Richard Severson, del Fred Hutchinson Cancer Research, que relacionan el uso de las maquinillas eléctricas de afeitar con el cáncer, al igual que el estudio de los doctores Richard E. Lovely y Ray L. Buschbom, el cual indica que los hombres que utilizan la maquinilla eléctrica para su afeitado, tienen un riesgo 250% superior de contraer cáncer.

Obviamente estos riesgos se elevan en profesionales que lo utilizan con mayor frecuencia. En estos riesgos podríamos englobar a otros aparatos que usan motor como son la batidora o el secador de pelo.


El secador de pelo

Este aparato provoca un fuerte campo electromagnético. Existen estudios epidemiológicos que, sin relacionarlo directamente con campos electromagnéticos, indican un porcentaje mayor de mujeres con cáncer de mama entre las peluqueras; y es que éstas lo utilizan con mayor frecuencia que el resto de las mujeres.

Como se ha visto en el capítulo de investigación, los niveles bajos de melatonina se asocian con un mayor riesgo de contraer cáncer, tal y como se indica en un estudio realizado en Estados Unidos, relacionando la exposición a campos electromagnéticos de extremada baja frecuencia y el cáncer de mama. En conclusión a estos estudios, Richard Stereus, investigador de los laboratorios Battelle Pacific Northwest, opina —basándose en las investigaciones realizadas—, que la melatonina regula los niveles de hormonas sexuales, y la reducción de los valores de melatonina conlleva la elevación de los niveles de estrógenos y prolactina, con el consiguiente aumento del riesgo de contraer cáncer de mama.

Una solución para los secadores de pelo, es usar aquellos modelos cuyo motor permanece alejado del usuario, generalmente adosado a la pared, tal como encontramos con frecuencia en los hoteles. De esta manera, se produce una menor incidencia del campo magnético sobre el usuario.


Electrodomésticos

La lavadora y la secadora emiten un fuerte campo electromagnético cuando están en funcionamiento, que puede llegar a unos tres metros de distancia.

El frigorífico emplea un motor eléctrico que genera de forma intermitente un campo magnético que puede llegar a dos metros de distancia. Aparte de la distancia de seguridad que hay que mantener entre el electrodoméstico y los lugares de estancia, hay que considerar el efecto que puede tener el campo magnético sobre los alimentos, y para minimizarlos es mejor poner especialmente los pescados y las carnes lo más alejados del motor.


La manta eléctrica

La manta eléctrica tiene un campo electromagnético de menor intensidad que los aparatos que usan motor, como el secador de pelo o la batidora, pero al estar en contacto directo con el cuerpo durante varias horas a día puede llegar a ser altamente perjudicial, especialmente durante el sueño.

Existen investigaciones que apuntan al uso de las mantas eléctricas como causa de un mayor porcentaje de abortos. Incluso el Departamento de Salud Pública del Estado de Nueva York, considera que su utilización prolongada puede provocar abortos espontáneos.

Estudios realizados en Denver (EE.UU.), indican que los hijos cuyas madres utilizaron durante el embarazo una manta eléctrica, tienen un 250% más de probabilidades de padecer tumores cerebrales y un 70% más de riesgo de leucemia, así como el doble de posibilidades de padecer cáncer. El riesgo de contraer tumores cerebrales puede llegar a ser de 4,6 hasta 10,8 veces mayor, dependiendo del tiempo de uso: a más tiempo, mayor riesgo.

Según los trabajos realizados por Nancy Wertheimer, de la Universidad de Colorado, en 1985, se constatan alteraciones en el período de gestación, así como un aumento del número de abortos, relacionados con el uso de mantas eléctricas. En sus conclusiones, Wertheimer acusa al uso de la manta eléctrica y al campo magnético que genera, que es del orden de 1.000 nanoteslas (1 microtesla), del menor ritmo de crecimiento de los fetos expuestos. Por ello, recomendamos, especialmente a las mujeres embarazadas, abstenerse de usarla o al menos, desenchufarla de la red eléctrica después de calentar la cama antes de acostarse.


Placas eléctricas

El uso de placas eléctricas para cocinar en las viviendas se ha extendido considerablemente por la comodidad que ofrecen en cuanto a limpieza y mantenimiento. Pero hay que valorar otros aspectos menos evidentes y no por ello menos importantes.

Las vitrocerámicas y placas de inducción emiten un fuerte campo magnético. Una placa de 30 centímetros puede producir 5.000 nanoteslas a medio metro de distancia o 20.000 nanoteslas a 30 centímetros. La fuente principal generadora de campos electromagnéticos es la resistencia calefactora. El usuario recibe un fuerte campo electromagnético, especialmente intenso a la altura de la cintura, por lo que las mujeres embarazadas deben tener especial cuidado en evitar su influencia.

La alternativa son las cocinas de gas, que además evitan la influencia nefasta de la radiación sobre los alimentos.


El televisor

Los televisores emiten campos de extremada baja frecuencia a su alrededor, aunque los nuevos modelos LCD, LED o de plasma han reducido significativamente la radiación que afectaba a los usuarios.

En 1987, el doctor Mikolajczyk, del Instituto de Medicina Laboral de Lodz, trabajó con ratas, a las que mantuvieron sometidas a la radiación generada por televisores situados a 30 centímetros de distancia, durante 4 horas diarias, siguiendo este proceso: las hembras se expusieron antes del apareamiento durante 60 días, y 16 días durante el embarazo.

El resultado fue que las crías al nacer, presentaban un peso significativamente inferior a las del grupo control. Por otra parte, los machos fueron expuestos entre 35 y 50 días, constatándose una reducción del peso de sus testículos en comparación al grupo no expuesto. Otro dato significativo fue que los valores de sodio en los animales expuestos, descendieron por debajo de lo normal en la corteza cerebral, el hipotálamo y el cerebro central. Igualmente, se observó un desarrollo más lento en las ratas en edad de crecimiento.

Como medida de seguridad, recomendamos mantener la distancia resultante de multiplicar por seis la longitud de la pantalla en su parte diagonal. Afortunadamente, hoy en día los campos electromagnéticos generados por las pantallas planas suelen cumplir la Certificación sueca TCO de seguridad y su grado de incidencia en los usuarios es mucho menor.


El ordenador

Los ordenadores de las décadas de los 80 y parte de los 90 generaban fuertes campos magnéticos que se relacionan con graves problemas de salud en los operarios. Ante esta obvia realidad los fabricantes bajo la presión de los usuarios, redujeron la emisión de campos magnéticos, aunque no dijeron que lo hacían, ni se puso una normativa que lo regulara. Como en todo lo relacionado con la enfermedad silenciada, nadie asumió responsabilidades por los daños causados. Simplemente no pasó lo que pasó.

David A. Savitz, de la Universidad de Carolina del Norte, continuando con sus investigaciones para determinar la incidencia de las radiaciones electromagnéticas generadas por líneas de alta tensión, amplió sus estudios al uso de ordenadores por parte de mujeres embarazadas, comprobando un significativo aumento de probabilidades de abortar, así como un riesgo 2,5 veces mayor de que los hijos de usuarias de ordenadores padeciesen tumores cerebrales, mientras que el riesgo de desarrollar leucemias aumentó en un 70%.

Los investigadores Goldhaber, Polen y Haitt, llevaron a cabo en 1988 un estudio epidemiológico sobre 1.583 mujeres embarazadas que trabajaban más de 20 horas semanales con ordenador. En este estudio se comprobó un aumento significativo de más del doble de abortos, en comparación con el grupo control. Igualmente, se produjo un elevado número de malformaciones en los fetos. Los sindicatos estadounidenses recomiendan a los operarios que reduzcan su jornada laboral y adopten medidas protectoras cuando trabajen con ordenadores o fotocopiadoras, especialmente las mujeres embarazadas.

A la incidencia provocada por los campos electromagnéticos, hay que añadir el estrés psicológico que induce y los malos hábitos posturales que se adquieren, todo lo cual repercute en un aumento del riesgo de abortos espontáneos entre las usuarias de ordenadores. Estos niveles de riesgo dependen de la cantidad de tiempo de uso del ordenador, así como de los modelos utilizados y de los campos eléctricos y magnéticos que emiten.

De cualquier forma, podemos reducir los campos magnéticos alejándonos de la torre y de la pantalla a un metro de distancia. En cuanto al campo eléctrico se puede eliminar usando cables apantallados y conectando a tierra la pantalla y el enchufe.

Otro riesgo del ordenador es la electricidad estática que se acumula en el propio aparato que, bien por inducción o bien por el aire (con partículas de polvo cargadas eléctricamente), pasa al usuario cuando entra en contacto o está próximo a él. Estas cargas electrostáticas producen molestias en los usuarios de ordenadores, porque en la pantalla, a largo plazo, se produce un aumento de potencial de polaridad, casi siempre unilateralmente positiva. El usuario absorbe ese potencial de forma obligada, con las consecuencias ya conocidas de malestar, tensión, náuseas, falta de concentración, etc. Las partículas de carga negativa del aire, son atraídas por la pantalla, donde crean una capa de polvo, al tiempo que las partículas de carga positiva, son emitidas hacia el usuario. Una solución a este problema es conectar la pantalla y el monitor a tierra, y colocar un elemento conductor, por ejemplo, un filtro, y un ionizador, un emisor de iones negativos que sirve para mejorar la calidad del aire.

Las personas que trabajan con pantallas, suelen ser propensas a padecer algunos síntomas relacionados con la piel y los ojos:
  • Sequedad e irritación de las mucosas de la nariz y garganta.
  • Sequedad y/o enrojecimiento de la piel.
  • Sequedad del ojo, especialmente acusada al usar lentes de contacto.
  • Poros abiertos y granos en la cara.
  • Erupciones en la cara y/o en las manos.
  • Ojos rojos, llorosos o inflamados.
  • Cansancio.
  • Migrañas.
  • Estrés.
Actualmente los nuevos modelos de ordenadores y pantallas cumplen la Certificación sueca TCO de seguridad, que reduce considerablemente los campos eléctricos y magnéticos, y minimizan los campos electrostáticos. Las actuales pantallas de los portátiles apenas emiten campos eléctricos o electromagnéticos, al igual que las pantallas planas o los ordenadores portátiles. Aunque hay que considerar que al estar conectados a la red pueden generar campos eléctricos, en caso de no disponer de cables apantallados y de una correcta toma de tierra.


Radiadores eléctricos

Los radiadores eléctricos convencionales provocan fuertes campos electromagnéticos a cortas distancias, por lo que hay que separarlo al menos un metro de distancia del aparato, así como de sus cables para evitar el campo eléctrico.

El zócalo radiante eléctrico tiene unos niveles de campo electromagnético similares a los de un radiador convencional, aunque con una longitud superior. Otro sistema de calefacción utilizado es el que funciona a través de cables eléctricos en los suelos y techos. El campo electromagnético en estos casos supera los 1.000 nanoteslas en toda la habitación, pero a 30 centímetros (altura de la cama) se llegan a detectar hasta 8.000 nanoteslas.

Según los estudios epidemiológicos realizados por Nancy Wherteimer, el nivel de abortos es más elevado en estos casos que empleando otros sistemas de calefacción. La calefacción radiante eléctrica en suelos y techos puede crear campos electromagnéticos de niveles muy peligrosos, en especial para las mujeres embarazadas y los recién nacidos.

En el caso de los edificios construidos con estos sistemas de calefacción, hay que tener en cuenta que aunque optemos por desconectar nuestra instalación, la del vecino puede estar en funcionamiento, creando un campo electromagnético potencialmente nocivo para nosotros. Recordemos que algunos aparatos pueden influir de una vivienda a otra: radiorreloj, televisor, wifi, bases de inalámbricos, instalaciones y motores eléctricos, etc.


Vehículos

Los vehículos también pueden generar campos electromagnéticos, procedentes de sus sistemas electrónicos y de los motores. El motor del vehículo, su radiador, los sistemas eléctricos y de aireación o los acondicionadores de aire alteran el equilibrio eléctrico natural.

Los vehículos de motor de combustión, los eléctricos y los híbridos generan una importante contaminación electromagnética. A mayor número de sistemas electrónicos, se produce mayor campo electromagnético. La mayor incidencia se dirige especialmente al conductor. Por ello, habrá que valorar tanto el tiempo de uso del vehículo, como la intensidad del campo para calibrar su repercusión sobre los viajeros y, en especial, sobre el conductor, tanto en coches, autobuses, trenes, metros, etc.

Respecto a los viajes largos, hay que pensar que la capacidad de reacción del conductor puede disminuir, por estar sometido a campos electromagnéticos generados por el propio vehículo, a lo que hay que añadir la fricción entre el vehículo y el aire, que hace que el receptáculo se cargue de iones positivos. Todo ello, supone una pérdida de concentración y una menor capacidad de respuesta, además de provocar estrés. La suma de estos factores crea un mayor índice de accidentes y de riesgos para la salud.

También hay que considerar los efectos que producen los campos electromagnéticos generados en el interior de los vagones de trenes y metros sobre los pasajeros y trabajadores. En muchos casos estos valores pueden llegar a ser de varios miles de nanoteslas, con el consiguiente riesgo proporcional al tiempo de exposición. Las zonas de mayor riesgo son las más cercanas a las catenarias y a las vías electrificadas (el AVE, por ejemplo, tiene una electrificación de 25 kV y trabaja a 50 Hz) y a los motores y dispositivos electrónicos. Un paliativo a esta situación sería el apantallamiento de las áreas más sensibles para tratar de disminuir las dosis más elevadas que afectan a operarios y pasajeros.

Asimismo, en los aviones se generan elevados campos electromagnéticos, dosis que se ven agravadas por la radiactividad relacionada a la latitud y a altura que alcanza el avión. La atmósfera es un escudo protector de las radiaciones solares, por lo que a más altura, menos protección.

Los pasajeros de un avión reciben una importante dosis de radiactividad, dosis que se multiplica en las tripulaciones sin que se adopten medidas paliativas a este grave problema.


El horno microondas

Las microondas hacen que las moléculas orgánicas vibren con gran energía. Este fenómeno produce rápidamente calor. El magnetrón se encarga de transformar la energía eléctrica que recibe el microondas a una frecuencia de 2.450 megahercios (2,4 gigahercios). Entre otros muchos estudios, Sarkar, Ali y Behari en 1994 comprobaron daños en el ADN de tejido testicular y cerebral de ratones irradiados con estas frecuencias. Este aparato se utiliza para calentar los alimentos con mucha concentración de agua, por eso, cuando se introduce en el horno microondas un vaso de cristal con agua, se calienta el agua mientras el cristal está frío, y el cristal se calienta más tarde por el contacto con el agua caliente.

Como aparato para calentar los alimentos, el microondas emite dos tipos de radiaciones mientras está en funcionamiento; por una parte, un campo magnético de extremada baja frecuencia y, por otro, de microondas, lo cual genera un alto factor de riesgo, especialmente para las personas que pasan mucho tiempo junto a él, caso de los trabajadores de bares y restaurantes.

Aunque los hornos microondas están obligados a llevar un apantallamiento para evitar las radiaciones de microondas sobre los usuarios, suelen darse fugas. Por lo que en caso de que se decida usar, es conveniente salirse de la cocina mientras está en funcionamiento o al menos alejarse al máximo posible.

De cualquier forma, además de los riesgos de las microondas sobre el usuario, está el efecto que esta radiación de alta frecuencia provoca sobre los alimentos. Distintos estudios indican que estos campos alteran las proteínas, rompen las vitaminas y las cadenas de aminoácidos, etc., lo que hace que el alimento se pueda considerar un alimento “muerto”, y que en ciertos alimentos como es el caso de la leche, algunas moléculas se recombinen generando compuestos que pueden ser tóxicos. Las investigaciones realizadas en la Unión Soviética desde 1957 durante más de 30 años en el Instituto de Radio Tecnología de Kinsk, en la Región Autónoma de Bielorusia y en el Instituto de Radio Tecnología en Rajasthan, en la Región Autónoma Rossiskaja, en las que se usaron distintos alimentos expuestos a la cocción por microondas para cocinar, descongelar o calentar, concluyeron que se formaron carcinógenos en todos ellos: carnes, leche, granos de cereales, fruta congelada, vegetales crudos, cocidos y congelados. Y en general se produjo una disminución del valor nutricional: disminución de la biodisponibilidad del complejo de vitamina B, C y E, y minerales esenciales.

Entre los consumidores de estos alimentos irradiados con microondas, según la doctora Lee, se observan cambios en la química de la sangre y en el índice de ciertas enfermedades debido probablemente a:
  • Desórdenes linfáticos, que provocan una merma de la capacidad de prevenir ciertos tipos de cánceres.
  • Incremento en la formación de células cancerígenas en la sangre (sarcoma…).
  • Aumento de cánceres de estómago y de intestino.
  • Desórdenes digestivos y un deterioro gradual de los sistemas de eliminación.
  • Desestabilización e interrupción de la producción de hormonas.
  • Alteración de ondas cerebrales alfa, theta y delta, y pérdida de memoria, de la capacidad de concentración, etc.
Otros estudios científicos clínicos suizos, alemanes y estadounidenses llegaron a estas mismas conclusiones.

En el año 1989, la doctora Lita Lee de Hawai publicó en Lancet: “Dar microondas a fórmulas infantiles convirtió algunos aminoácidos de forma ‘trans’ en sus isómeros sintéticos de forma ‘cis’. Los isómeros sintéticos, sean aminoácidos de forma ‘cis’ o de forma ‘trans’, no son biológicamente activos. Más aún, uno de los aminoácidos, la L-prolina, se convirtió en su isómero-d, que es conocido por ser neurotóxico (tóxico para el sistema nervioso) y nefrotóxico (tóxico para los riñones). Ya es suficientemente malo que muchos niños no sean amamantados, encima ahora se les da leche falsa (fórmulas infantiles) que se vuelve más tóxica al calentarla con microondas”.



Extraído del libro:
 
"La enfermedad silenciada"
Raúl de la Rosa
Responsable de Contaminación electromagnética
Fundación Vivo Sano

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