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Electrosensibilidad y sus consecuencias

Recientemente, la justicia francesa ha dado la razón a una mujer afectada por las radiaciones artificiales, y ha concedido un subsidio de 800 euros al mes durante tres años para la demandante.

Cada día los médicos están constatando en sus consultas que más y más personas padecen síntomas de electrosensibilidad y es frecuente ver algunas que no pueden salir de sus casas sin padecer graves trastornos o incluso que tienen que irse a vivir a lugares alejados, porque no toleran los campos electromagnéticos artificiales del medioambiente alterado.

Marine Richard, experiodista en una emisora de radio de Marsella, reconocida poeta y dramaturga de 39 años, vive desde hace cinco años en un valle perdido de la región del Ariege, en los Pirineos centrales, en una choza de pastor mínimamente preparada para ser habitable donde no hay cobertura de tecnologías inalámbricas. El lugar es de difícil acceso y en invierno la mujer puede quedar aislada en su choza por la nieve. No es un eremita, ni un estrambótico capricho, es el refugio que tuvo que procurarse como única solución a su “alergia” a las radiaciones. Marine es un persona electrohipersensible.

La electrosensibilidad es un síntoma de advertencia de que un organismo está llegando al límite de su tolerancia, y que cada vez más personas desarrollan tras un tiempo de exposición a las radiaciones artificiales, como son las emitidas por la telefonía móvil o el wifi.

El umbral de riesgo viene marcado por la sensibilidad o predisposición personal, así como con la dosis y el tiempo de exposición. Si bien, cualquier tipo de radiación artificial tiene un efecto biológico sobre nuestro organismo y, por tanto, se va acumulando hasta que aparece la electrosensibilidad o la patología asociada a la exposición. Uno de los mayores riesgos de la radiación de alta y baja frecuencia es, precisamente, su efecto acumulativo. Es como el vaso que, gota a gota, va llenándose hasta que una de ellas lo desborda.

A partir de ese momento el organismo se ve especialmente afectado y no recupera su anterior estado de equilibrio aun cuando cesa la exposición, con lo que el efecto de cada nueva exposición se va sumando al anterior, elevando continuamente el riesgo sobre la salud.

Según múltiples investigaciones científicas, el síndrome de hipersensibilidad a las ondas electromagnéticas es una enfermedad generada por la exposición a las radiaciones artificiales de telefonía móvil, wifi y otros focos de radiaciones de altas y bajas frecuencias.

Marine Richard, al igual que miles de personas afectadas por este síndrome, asegura que:

“En cuanto salgo de este lugar tengo problemas del ritmo cardíaco, fuertes neuralgias, problemas de concentración y memoria”. Richard se vio obligada a dejar su profesión y a sus amigos y colegas para alejarse de los innumerables focos electromagnéticos que hay en todas las zonas habitadas e irse a su aislada nueva morada. “Quemé todos mis ahorros en tratamientos”, explicó la mujer después de que la sentencia de un tribunal de Toulouse reconociera por primera vez en Francia los “signos clínicos irrefutables” de una patología aún no reconocida.

Estamos expuestos constante e indiscriminadamente, en mayor o menor medida, a estas radiaciones artificiales potencialmente peligrosas para nuestra salud, sin que hoy en día exista ninguna clase de control sobre su emisión al medio ambiente, ni una legislación acorde a la gravedad del problema.
   
Aunque todos somos en mayor o menor medida electrosensibles, hay un porcentaje de la población que presenta síntomas inmediatos y evidentes ante la exposición a campos electromagnéticos. En el ámbito científico se estima que este porcentaje es superior a un 10%. Los especialistas y expertos aseguran que estos porcentajes pronto se elevarán, y que más de una cuarta parte de la población estará altamente electrosensibilizada, y que para el 2020 la mayoría de la población padecerá no sólo los riesgos inherentes de contraer determinadas enfermedades y trastornos a medio o largo plazo, sino que de forma instantánea sentirá en su organismo cada nueva exposición en diferentes formas: mareos, pérdida de concentración, decaimiento y malestar general, enrojecimiento de la piel, eccemas, alergias frecuentes, sensación de escozor, picor, sequedad de las vías respiratorias superiores o irritación de los ojos, sensación de gripe, inflamación de las mucosas, indigestión y trastornos intestinales, alteraciones en la temperatura corporal, calor anormal o quemazón, dolores musculares, sensación de hormigueo y parestesias, inflamación de nódulos linfáticos, problemas gastrointestinales y renales, dolores de dientes y mandíbula, etc. electrosensibles
   
En la Declaración de París se consideraba en el 2007 que las poblaciones vulnerables equivalían entonces a un 40-50% de la población total, y el problema se va agudizando ya que cada vez es más difícil encontrar lugares libres de radiaciones artificiales. Prácticamente en cualquier lugar se detectan microondas de telefonía móvil y de wifi.
   
búsqueda de wifi
   
La sentencia concede a Richard una discapacidad y le atribuye un subsidio de 800 euros mensuales durante tres años revisable a cargo de la Seguridad Social.

La mujer había pedido tal subsidio por tres motivos citados en la sentencia: comprar leña para calentarse, remunerar a los vecinos que le suministran periódicamente alimentos y demás necesidades básicas, así como para aumentar la seguridad y habitabilidad de su cubículo ante los embates del invierno.

La sentencia establece que la sintomatología de Marine Richard “desaparece en cuanto las causas son eliminadas” y explica que tal eliminación “impone un modo de vida y unos sacrificios tan extremos que no permiten la menor sospecha de simulación”.

En Suecia, la cifra oficial de afectados asciende a 290.000, aunque la cifra real es mucho mayor, al igual que en nuestro país. En España aún no existe un reconocimiento oficial de la electrosensibilidad. Sin embargo, los juzgados van por delante de las leyes, y en el año 2011 reconocieron la incapacidad laboral permanente de una trabajadora por hipersensibilidad electromagnética y ambiental. Suecia ha sido el primer país en reconocer la electrosensibilidad como enfermedad laboral y, por tanto, como motivo de baja laboral por invalidez física. Gracias al trabajo del neurocientífico sueco Olle Johansson y su equipo del reputado Instituto Karolinska de Estocolmo, la electrosensibilidad ha sido reconocida oficialmente en Suecia como una discapacidad, e incluso se dan ayudas económicas a los afectados para que apantallen sus casas de los campos electromagnéticos.
   
“La sentencia del Tribunal de Toulouse es importante precisamente porque esa dolencia no está reconocida en Francia”, explica Etienne Cen- VIVO SANO 23 drier, portavoz de la asociación Robín de los Tejados (juego fonético en francés con Robín de los bosques, en relación a la presencia de antenas de telecomunicaciones en los tejados de los edificios), que lucha contra los efectos en la salud por la exposición a las nuevas tecnologías de telecomunicación inalámbrica. “Es un gran paso adelante. Como suele ocurrir, la justicia va por delante de las políticas”.

Esta sentencia, pionera en Francia, reconoce el perjuicio causado y creará jurisprudencia para miles de personas que viven abandonadas por los servicios sanitarios y las autoridades políticas.

molestias por el WiFi
   
Sin embargo, otras personas no presentan una sintomatología tan aguda, pero eso no quiere decir que no puedan desarrollar una grave enfermedad como cáncer y muchas otras, aunque no haya habido síntomas previos.

Hoy en día sabemos que los efectos biológicos de los campos electromagnéticos artificiales pueden llegar a ser patológicos dependiendo del tiempo de exposición, de la dosis, de la potencia y frecuencia de los mismos, y de las características del organismo expuesto. Sin embargo, aún en la actualidad, tras muchos años de verificación dentro del ámbito de la medicina científica, muchos médicos aún no están familiarizados con la sintomatología de los afectados por los campos electromagnéticos. Esto es debido a la falta de información y al oscurantismo mediático y normativo existente en todo lo relacionado con las radiaciones y sus efectos sobre la salud.
   
consecuencias del WiFi
   
De esta forma, las verdaderas causas que llevan a muchos pacientes a las consultas acaban siendo diagnosticadas erróneamente: “hipocondriacos” y “neuróticos” son algunos de los calificativos de aquellos que padecen una enfermedad puramente orgánica causada por la exposición a las radiaciones. Para que estos errores de diagnóstico no sucedan y poder así tratar a los afectados en relación al verdadero causante de sus trastornos, las radiaciones artificiales, hay que considerar que buena parte de estos síntomas están relacionados, tal como indica un buen número de investigaciones científicas, con una exposición a campos de extremada baja frecuencia y, especialmente hoy en día, de alta frecuencia, que puede provocar el desencadenamiento o la acentuación de alteraciones en la conducta y síntomas depresivos, estados en los que se encuentran trastocados los ciclos de melatonina y de serotonina.

La serotonina, precursora de la melatonina, tiene un efecto decisivo en el estado de ánimo. La modificación de los niveles hormonales de melatonina —provocada por la inhibición de esta hormona ante la exposición a campos electromagnéticos— puede causar, en un principio, trastornos en el sueño, así como también puede ser origen de estados depresivos o desórdenes afectivos. Asimismo, conlleva una reducción de la capacidad intelectual y de trabajo, provocando estrés, ansiedad, fatiga y, en general, trastornos neurológicos y psicológicos que conllevan un elevado riesgo de suicidio, así como enfermedades psicosomáticas como son la úlcera gástrica y ciertas disfunciones sexuales. Asimismo, estas perturbaciones de la glándula pineal se a socian con enfermedades como el cáncer. 

De todo ello, es fácil concluir que cuando una persona padece estos y otros trastornos hay que considerar de forma común la posibilidad de que se trate de la respuesta del organismo a la exposición a campos electromagnéticos. Por todo ello extraemos la necesidad de reconocer la realidad del medio ambiente en donde vivimos, para lograr mantener un adecuado equilibrio físico y psíquico.
 
Autor: Raúl de la Rosa
Web: www.escuelasinwifi.org

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