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Investigación en bajas frecuencias

Cada vez más investigaciones demuestran los efectos nocivos de las radiaciones electromagnéticas sobre distintos organismos vivos, entre ellos, los seres humanos. Dichas investigaciones apuntan a que una prolongada exposición electromagnética puede desembocar en enfermedades como el cáncer, aunque lo más común, es que, sin llegar forzosamente a padecer estas enfermedades, se estén arrastrando durante largo tiempo, sin motivos aparentemente justificados, otros trastornos como son: estrés, insomnio, cefaleas, cansancio, depresiones, trastornos del comportamiento, irritabilidad, nerviosismo, etc., a los cuales la sociedad tecnológica se ha ido acostumbrando, llegando a considerarlos incluso inevitables, al ocultar la causa que los provoca, y han acabado pareciendo “normales” dentro del contexto social.


Investigación en bajas frecuencias

Muchas investigaciones realizadas en laboratorios a nivel celular y con animales demuestran en conjunto los efectos nocivos de las radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia sobre los distintos organismos vivos, entre ellos, los seres humanos. Generalmente las investigaciones se realizan en animales con unas características morfológicas similares a las humanas, y se someten a radiaciones comparables a las que reciben las personas en un ambiente doméstico o laboral, como puede ser en una residencia cercana a líneas de alta tensión o a un transformador.

Las conclusiones obtenidas en estas investigaciones son perfectamente extrapolables a las personas, utilizando factores de escala (peso, tamaño, etc.). Por lo tanto, los resultados de las investigaciones realizadas en laboratorio que presenten resultados nocivos, deberían extrapolarse al ser humano.


Efectos sobre el Sistema inmunológico: cáncer y leucemia

Hemos de considerar que las enfermedades cancerígenas en el ser humano se deben en un porcentaje mínimo del 20% a infecciones víricas, y que en animales el porcentaje es superior. Se ha comprobado que la influencia de los campos electromagnéticos produce una reacción de estrés, reduciéndose así la capacidad de defensa del sistema inmunológico. En estas condiciones, tanto los seres humanos como los animales, son más propensos a contraer enfermedades infecciosas y cáncer.

En los trabajos realizados en la Universidad de Texas se ha observado un crecimiento anormal de las células cancerígenas sometidas a campos electromagnéticos de baja frecuencia, similares a los producidos por las líneas de alta tensión. Tras 24 horas de exposición, se multiplicaron en varios cientos de veces. Esta investigación, dirigida por el doctor Wendell Winters, fue encargada por la Organización para la Salud de Nueva York. Sin embargo, la misma organización, tras conocer los resultados, rebatió y desacreditó los mismos. Poco después, Jerry Philips, del Cancer Research and Tratament Center de San Antonio (Texas), repitió estas investigaciones, y logró ratificar e incluso ampliar los resultados: la multiplicación celular en los tejidos cancerígenos expuestos a radiaciones similares a las que provoca una línea de alta tensión, fue de 1.600 veces. Según estos datos, el cáncer se desarrolla con mayor facilidad en un ambiente con radiaciones, como son las que provienen de líneas de alta tensión, transformadores, etc.

Philips dirigió un experimento con cerditos, que, posteriormente, amplió con ratas y comprobó que los animales expuestos presentaban síntomas de estrés, así como un mayor nivel de mortalidad, en comparación con los animales que no habían estado expuestos. Este estudio fue financiado por el Instituto de Investigación de las empresas de las Fuer zas Eléctricas y realizado por los laboratorios Battelle Pacific Northwest de Richmond. Evidentemente, no esperaban unos resultados tan adversos a sus intereses. Battelle arguyó que las pruebas no demostraban efectos nocivos sobre los animales. Sin embargo, Philips —que posteriormente sería el responsable del programa de la EPA (Agencia Federal de Protección Medioambiental de Estados Unidos) sobre campos electromagnéticos—, rebatió estas conclusiones, ya que se encontraron pruebas muy visibles de efectos en los animales expuestos, especialmente en su capacidad de desarrollo. Al final, quedó demostrado que algunas generaciones de animales expuestos, presentaban un mayor índice de defectos en el feto y anomalías de nacimiento. Philips, confeccionó una lista con los resultados inequívocos del estudio de Battelle en los animales expuestos a campos de extremada baja frecuencia:
  • Reducción significativa de los valores nocturnos de la melatonina segregada por la glándula pineal en las ratas, después de una exposición de tres semanas.
  • Reducción de los valores de testosterona en la sangre de las ratas macho, tras exponerlos durante tres meses.
  • Cambios en el sistema neuromuscular de los animales, después de tres días de exposición.
  • Aumento de malformaciones fetales en las ratas y los cerditos, expuestos durante dos generaciones.
En relación a la capacidad de respuesta del sistema inmunológico, Daniel Lyle, de Food and Drug Administration de California, realizó investigaciones con ratones, desde 1983 a 1988, y comprobó una disminución de dicha capacidad, proporcional a la intensidad del campo electromagnético. Lyle constató una disminución de la citotoxicidad de los linfocitos T (variedad de glóbulos blancos que ataca a los antígenos y a ciertas células cancerosas), los cuales son fundamentales en la lucha del organismo contra el cáncer. Otra conclusión de sus experimentos es que la cantidad de linfocitos T disminuye conforme se incrementa la fuerza del campo. Ello nos hace ver la relación entre la exposición a campos electromagnéticos y la disminución de la eficacia del sistema inmunológico, como fenómeno precursor de futuras patologías. En esta línea de investigación, en 1981, E. Fukada, detectó un aumento significativo en la velocidad de crecimiento de osteosarcoma, debido a la influencia de campos eléctricos. Otras experiencias realizadas por Becker ese mismo año con personas, revelaron resultados similares en relación al fibrosarcoma humano. En esa misma línea, el japonés T. Akamine (1985), observó un aumento de malignidad en células carcinómanas embrionarias.


Efectos sobre el sistema nervioso

El sistema nervioso es una auténtica red de transporte eléctrico, que canaliza la información a las diferentes partes del organismo. Los campos eléctricos y magnéticos artificiales pueden ejercer fuerzas sobre las partículas cargadas eléctricamente que se encuentran en los líquidos y tejidos. Inducen al desplazamiento de dichas cargas en el organismo, provocando corrientes eléctricas en él, generando así tensiones eléctricas orgánicas. Estas tensiones podrían interaccionar con los potenciales eléctricos de las membranas celulares; asimismo, podrían perturbar los intercambios que se producen entre las células y el medio exterior. El sistema nervioso central y periférico está conectado con las actividades vitales a través de actividad electromagnética y por un complejo sistema hormonal, que es altamente sensible y fácilmente alterable por campos electromagnéticos artificiales externos.

Dentro del organismo se producen fenómenos electrofisiológicos que permiten la comunicación interneuronal y codifican la información utilizada por las neuronas como entes autónomos y por las redes neuronales para la formación de las pautas de conducta o los distintos estados psíquicos. Los procesos electrofisiológicos se generan a causa de las propiedades de proteínas específicas de la membrana, canales iónicos que son las moléculas responsables de la comunicación eléctrica neuronal. Estos canales iónicos se relacionan con el desarrollo, el crecimiento y la reparación neuronal, con la memoria y el aprendizaje, así como con la fisiopatología neurológica. El conocimiento de la comunicación eléctrica neuronal y de sus complejas características biofísicas, sirve para comprender ciertas propiedades del sistema nervioso, como la atención, la memoria, el aprendizaje,el sueño, la vigilia y su estado de transición, que se alteran debido a la estancia en lugares sometidos a radiaciones electromagnéticas artificiales, tal como hemos ido viendo en las investigaciones y los estudios epidemiológicos, en los cuales se comprueban ciertos síntomas en las personas expuestas, como son: insomnio, irritabilidad, migrañas, cambios en el comportamiento, depresiones, etc., todos ellos como mensajeros de posibles patologías más graves para el futuro en caso de no remitir la exposición electromagnética.

En un organismo se inducen corrientes eléctricas al estar sometido a un campo electromagnético alterno inducido por líneas eléctricas (alta, media y baja tensión), transformadores, aparatos eléctricos, antenas de telefonía, radio y televisión, radares y teléfonos móviles e inalámbricos. Este fenómeno se produce especialmente en las partes del organismo más conductoras de la electricidad: las fibras nerviosas y, en general, en las partes con mayor concentración de agua. El organismo humano es un buen conductor eléctrico, ya que está compuesto, fundamentalmente, de agua. Por ello, cuando se encuentra expuesto a un campo eléctrico se produce un aumento de energía a nivel superficial, generándose interiormente corrientes eléctricas, que pueden interferir en los mecanismos biológicos del organismo a través de su actividad eléctrica natural. Estas interferencias pueden suceder tanto en el funcionamiento de cada órgano como en el transporte de información a nivel celular, ya que las células se comunican e interaccionan entre sí mediante señales químico-eléctricas.

Se ha comprobado que un campo eléctrico y/o magnético exterior, aun siendo de baja frecuencia e intensidad, induce al organismo una determinada corriente y puede modificar la comunicación celular, lo cual, como hemos visto, afecta a la síntesis de proteína y al sistema inmunológico.

Las consecuencias de estas corrientes eléctricas en un organismo son:
  • Calentamiento de las zonas más conductoras de la electricidad.
  • Interferencia con las señales eléctricas que transmiten las informaciones en el organismo.
  • Alteración en ciertas reacciones bioquímicas fundamentales.
El ruso Alexander Pressmann trabajó en el campo de la comunicación eléctrica a nivel celular, demostrando que las células de tejido animal reciben y reconocen las ondas electromagnéticas, y actúan según esta información. Por tanto, funcionan como un radiorreceptor sintonizado a diferentes frecuencias. Ello implica que pueden modificar su actividad, dependiendo de las frecuencias e intensidades recibidas desde agentes electromagnéticos exteriores.

Al interaccionar conjuntamente en el organismo, los campos magnéticos y eléctricos crean corrientes inducidas de mayor intensidad que si lo hacen por separado, causando perturbaciones en las corrientes neuronales, cambios en la orientación y localización a nivel molecular, etc. Los campos electromagnéticos inducen débiles campos eléctricos dentro del organismo de, aproximadamente, la diezmillonésima parte de su valor. Este fenómeno, deriva en la formación de campos de iones acelerados que crean corrientes eléctricas dentro y alrededor de la célula. Las células vivas están rodeadas por una fina membrana que actúa como superficie equipotencial de un campo eléctrico interior. Por ejemplo, en las células nerviosas se crea una diferencia de potencial entre la parte externa y la interna de 90 milivoltios cuando se encuentran sanas, y de unos 55 milivoltios cuando están enfermas.

Distintos investigadores, caso de Relsa Goodman y Ann Henderson, del Columbia University de Nueva York, han logrado modificar la transcripción del RNA y la síntesis proteica, trabajando con campos electromagnéticos como los que se encuentran en muchos hogares. Esto indica hasta qué punto puede afectarnos una determinada exposición a dichos campos.

Cuando un organismo vivo recibe sobre su superficie la acción de un campo electromagnético, se originan varios mecanismos de interacción. Uno de ellos es la inducción de campos y corrientes eléctricas interiores debido a la acción de las fuerzas de los campos magnéticos incidentes sobre las cargas eléctricas en movimiento del organismo expuesto.


Malformaciones genéticas-Síndrome de Down

Los defectos de los niños al nacer no se deben exclusivamente a factores genéticos hereditarios. También se hereda el lugar que está favoreciendo la aparición de la anomalía, como sucede, por ejemplo, en una vivienda sometida a radiaciones artificiales. Estas causas del entorno alterado, pueden provocar irregularidades en los cromosomas del feto.

De los trabajos de Heller y Manikovska-Czerska, se deduce que la radiación electromagnética opera directamente sobre los cromosomas. Por su parte, los doctores Kathryn Nelson y Lewis Holmes, del Boston Brigham and Women´s Hospital, examinaron 69.277 casos de recién nacidos, de los cuales, 48 presentaban graves anomalías de nacimiento, y 16 de ellos no tenían antecedentes familiares que indicaran una relación hereditaria. Hoy en día, se reconoce que al menos el 30% de las anomalías al nacer son mutaciones espontáneas debidas a factores externos. Una de las causas es la radiación ionizante (rayos X o gamma), aunque otras radiaciones menos energéticas favorecen también la aparición de anomalías congénitas en los fetos. Los trabajos de Heller y Manikowska-Czerska del Center for Devices and Radiological Health, o de Jocelyne Leal, directora del Departamento de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, indican que las radiaciones electromagnéticas de menor rango (caso de microondas o de muy bajas frecuencias) pueden tener los mismos efectos. En esta misma línea, el doctor Mokba, catedrático de Higiene Industrial de la Universidad de Praga, ha constatado una disminución de la espermatogénesis, cambios en la menstruación, así como efectos congénitos en recién nacidos.

Por su parte, el director del Instituto de Higiene de la Universidad de Heidelberg (Alemania), Andreas Varga, realizó experimentos con huevos, exponiéndolos a radiaciones electromagnéticas con intensidades admitidas como seguras por las normativas oficiales alemanas, comprobando que todos los embriones morían o nacían con malformaciones. Varga extrapola estos resultados al ser humano, y advierte del peligro del uso de teléfonos móviles, ordenadores y otros dispositivos, especialmente por parte de las mujeres embarazadas.

Precisamente científicos como Frey y otros investigadores muestran en sus trabajos que la barrera sanguínea vitrosa que preserva la barrera de la placenta que protege al feto puede verse afectada por las radiaciones. Las mujeres embarazadas no deberían exponerse a campos magnéticos artificiales.

En el Departamento de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, dirigido por la doctora Jocelyne Leal, se estudió el comportamiento de organismos embrionarios (pollos), sometiéndolos a campos electromagnéticos de muy baja frecuencia e intensidad (entre 1 y 1.2 microteslas, o sea entre 1.000 y 1.200 nanoteslas). Leal, realizó sus investigaciones con este tipo de organismos desde el año 1982, debido a que su respuesta orgánica es similar a la del feto humano, y se elimina, de esta forma, la posibilidad de que sea el organismo de la madre el afectado y no directamente el embrión. Las investigaciones se llevaron a cabo sometiendo a los embriones a cortos intervalos de radiaciones, constatándose un menor desarrollo del sistema nervioso y del corazón. Las radiaciones electromagnéticas de muy baja frecuencia alteran el proceso evolutivo embrionario, provocando anomalías morfogenéticas; es decir, malformaciones del feto e incluso la muerte del embrión. Esta investigación es la ratificación de los trabajos llevados a cabo igualmente en el hospital Ramón y Cajal de Madrid por el doctor José Delgado, quien sometiendo a este mismo organismo embrionario a dichas frecuencias, encontró defectos congénitos.

Estos resultados causaron gran impacto y polémica en el mundo científico, por lo que la marina de Estados Unidos —a través de su oficina de investigación—, decidió reproducirlos con el mismo equipamiento. En 1988, facilitaron un informe, cuyas conclusiones fueron que “los campos electromagnéticos de muy baja frecuencia y baja potencia, aumentaban el riesgo de malformaciones genéticas en el desarrollo embrional”. Las investigaciones de laboratorio efectuadas por los doctores Eduardo Ramírez y José Luis Monteagudo en 1990, confirmaron la presencia de efectos mutagénicos en los cromosomas. Se analizaron 75.000 cromosomas de la mosca de la fruta (drosophila melanogaster), irradiados con campos electromagnéticos en dosis similares a las producidas por líneas de alta tensión. Los cromosomas conforman la estructura donde se encuentra recogida la información genética, en forma de cadenas de ADN. Los expertos en gerontología avalan la utilización de la dro sophila en investigación, al considerarla un organismo biológico cuyos procesos bioquímicos de envejecimiento son similares y comparables a los humanos; por tanto, los resultados y efectos son extrapolables a éstos. Se comprobó que con un campo electromagnético, en exposiciones de 72 horas, el efecto mutágeno se elevaba al doble, en comparación con el grupo control. En investigaciones de similares características, realizadas por M. Sikov en 1982, y por S. Nordstroem un año después, se observaron asimismo efectos genéticos.

Otro efecto observado por Monteagudo y Ramírez, fue la reducción del tiempo de vida, el cual disminuía hasta un 30%. Estos resultados, muy bien pueden trasladarse al ser humano, dada la similitud de los procesos bioquímicos de ambos organismos. Asimismo, se observa una drástica disminución de la fertilidad y de la fecundidad. En otra investigación de Monteagudo, realizada con huevos de gallina, se constató que se retrasaba el desarrollo de los mismos, tras haber estado sometidos a radiaciones electromagnéticas débiles. También comprobó que se producía un mayor índice de mortalidad en los pollitos nacidos de dichos huevos, con respecto a los del grupo control.

Resulta difícil comprender que con el cúmulo de estudios e investigaciones que ya en esos años se habían realizado, las autoridades sanitarias no tomaran medidas al respecto, y que años después, tal como sucede hoy en día, las cosas sigan prácticamente igual. No se puede pretender que todas las enfermedades llamadas genéticas, sean consecuencia de lamentables azares de la bioquímica humana.

Hay que considerar otros factores externos que también contribuyen a su aparición, así como a los elevados índices actuales de dichas enfermedades. Sin duda, una de las causas es medioambiental y buena parte procede de la exposición a diferentes focos de radiación (ya sea en dosis elevadas o en exposiciones prolongadas), desde la de alta hasta la de extremadamente baja frecuencia, y cuyos focos emisores están a nuestro alrededor de forma habitual.


Alteraciones en el comportamiento

El neurofisiólogo José Delgado, del hospital Ramón y Cajal de Madrid, consiguió que se produjeran, entre otros, cambios de comportamiento como agresividad y apatía en chimpancés que habían estado bajo la influencia de campos magnéticos de baja frecuencia. El cerebro es uno de los órganos más afectados por los campos electromagnéticos de extremada baja frecuencia. Debido a esta influencia se derivan: cambios en el comportamiento, retraso en el aprendizaje, variación de los ciclos biológicos y reacción ante el estrés, etc. Delgado obtuvo cambios emocionales y del comportamiento en animales y personas, a los que implantó electrodos en el cerebro, induciéndoles una corriente eléctrica. Estos cambios se diferenciaron entre sí, dependiendo de la región cerebral estimulada. Según los puntos exactos del cerebro estimulados eléctricamente, se conseguían estados de miedo, ansiedad, inquietud, irritabilidad, apatía, rabia, e incluso cambios en la personalidad, creando instintos no habituales en los probandos como: instintos maternales, agresividad, etc. Uno de los experimentos más espectaculares fue el que realizó implantando un receptor en el cerebro de un toro, y enviando un impulso eléctrico a través de un emisor, inhibiendo así sus instintos agresivos en el momento de atacar.

En estudios neurobiológicos realizados con voluntarios en el Instituto de Investigaciones Científicas de Moscú sobre la influencia de campos electromagnéticos en su sistema nervioso, se observaron cambios químicos en el cerebro y en el líquido medular, así como alteraciones neurológicas y de la conducta.

En cuanto a las perturbaciones en el sistema nervioso central, se han podido observar diversas alteraciones de la memoria o del comportamiento. La exposición a campos electromagnéticos provocaría una primera fase de estimulación y, posteriormente, sobrevendría una fase de inhibición. En experiencias realizadas con personas, se comprueba un periodo inicial de desequilibrio, seguido de una fase que podríamos denominar de hábito gradual. Posteriormente, reaparecen las alteraciones incluso con mayor virulencia. Esta es la fase en la que la electrosensibilidad se muestra más evidentemente.

En un proyecto realizado en el Estado de Nueva York, el doctor Kurt Salzinger de la Universidad de Brooklin, se mantuvo expuestos a los fetos de ratas preñadas a campos electromagnéticos de baja frecuencia durante la fase fetal, así como en los primeros días posteriores al nacimiento. Después los mezcló con otros ratones de sus mismas características, pero que no habían estado expuestos a la radiación, comprobando, en un programa de aprendizaje que duró 90 días, que los ratones expuestos tenían menor capacidad de aprendizaje y cometían mayor número de
errores que sus compañeros.

El investigador Frank Sulz comprobó que los ciclos biológicos y el nivel de actividad de monos expuestos a radiaciones electromagnéticas de extremada baja frecuencia, disminuían significativamente, con el agravante de que, tras cesar la exposición al campo electromagnético, la baja actividad se mantenía durante varios meses.



Extraído del libro:
 
"La enfermedad silenciada"
Raúl de la Rosa
Responsable de Contaminación electromagnética
Fundación Vivo Sano

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