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Daños a la salud humana

En el mundo se producen millones de intoxicaciones agudas y centenares de miles de muertes anualmente por causa de exposición aguda a los pesticidas, dos terceras partes de ellas en países en desarrollo4. Junto a las intoxicaciones no deseadas conviene destacar, además, que los pesticidas son uno de los sistemas de suicidio más utilizados a escala global5.

Estimaciones antiguas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), basadas en extrapolaciones desde datos muy limitados, hablaban de que cada año se producen cerca de un millón de intoxicaciones agudas no intencionadas y otros dos millones de personas que eran hospitalizadas por intentos de suicidio con estos productos6, produciéndose unas 220.000 muertes (la mayoría intencionales). Aunque esos datos ya deberían justificar una contundente actuación internacional, estimaciones científicas más recientes hablan de cifras muy superiores.

Como la mayoría de los afectados no acude a los hospitales y no se registran buena parte de los casos, algunas estimaciones establecen que podría haber hasta 25 millones de trabajadores agrícolas que cada año sufre algún tipo de envenenamiento con pesticidas en el mundo. En algunos países la intoxicación aguda con pesticidas puede llegar a ser una preocupación de salud tan seria como las enfermedades infecciosas.

Varios estudios muestran hasta qué punto tiende a subestimarse el número de intoxicaciones agudas que se dan. Así, por ejemplo, un estudio realizado en Nicaragua muestra que menos del 5% de los casos de envenenamiento agudo con pesticidas eran reportados en el registro
oficial. Anualmente, un 2.3% de la población general tenía intoxicaciones agudas por pesticidas. La tasa era más alta entre los hombres, la población rural y los trabajadores agrícolas. Se estimaba que había unos 66.000 casos al año. Entre los fumigadores la tasa de incidencia era muy alta (estimándose en un 8.3%). Sufrían 34.000 casos anuales. Obviamente, mucho de lo descrito para Nicaragua es extrapolable a otras áreas del planeta.

A los efectos de las exposiciones agudas a estas sustancias se suman los más diversos otros problemas sanitarios que padecen quienes se exponen directamente a estos productos, beben de las aguas contaminadas por ellos (a veces a grandes distancias de las zonas donde se usan) o, entre otras posibilidades, acumulan en sus cuerpos cantidades mayores o menores de los residuos de estas sustancias que pueden persistir en los alimentos en mayor o menor proporción. Existiendo, tal y como reconoce la FAO, una “creciente atención sobre los efectos sobre la salud a largo plazo, incluyendo los carcinogénicos y de alteración del sistema hormonal, y los efectos combinados que los residuos múltiples de plaguicidas pueden tener sobre grupos vulnerables”.

Millares de investigaciones científicas han asociado la exposición a pesticidas, en diferentes formas y grados, con numerosas patologías como el cáncer, trastornos neurológicos (Parkinson, problemas de aprendizaje, retraso en el desarrollo,...), infertilidad, malformaciones, problemas tiroideos e inmunitarios,...

Los recientes avances en el conocimiento toxicológico no hacen más que incrementar el nivel de alerta, al haberse puesto en evidencia que ciertos sistemas de evaluación de los riesgos que han existido durante mucho tiempo han podido subestimar gravemente los efectos reales de muchas sustancias, y no solo de algunas que se tenía identificadas como más peligrosas, sino también de otras pertenecientes a tipos de pesticidas más ampliamente usados hoy en día y que se tenían por más seguras, al haber pasado por alto hechos clave como el efecto combinado de diferentes sustancias o los efectos que pueden tener a muy bajas concentraciones y a largo plazo, por ejemplo aquellas que actúan como disruptores endocrinos, especialmente en las primeras etapas del desarrollo humano tales como el feto o la infancia (cuando a veces a niveles bajísimos de concentración se pueden producir efectos).

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