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La peste de los pesticidas sintéticos

La inmensa mayoría de los cerca de 1.400 millones de hectáreas agrícolas que tiene el planeta son rociadas cada año, normalmente varias veces y con diferentes productos, con millones de toneladas de centenares de tipos distintos de pesticidas sintéticos: insecticidas, herbicidas, fungicidas, etc.

Es importante tener esa escena global en mente para darse cuenta de las proporciones del fenómeno. Pensar que cada metro cuadrado, a lo largo y ancho de esa vasta superficie planetaria, y en los más diversos climas y paisajes, recibe indefectiblemente esas dosis de veneno. En los campos de África, Asia, Europa, América, y en todo tipo de cultivos. Solo una parte de esos productos acaba realmente en las plantas y alcanza su objetivo. Mucho queda en los suelos, es arrastrada por el agua, llevada por el viento... Aparte de ello, los pesticidas son empleados también en parques, jardines, campos de golf, edificios... Pero el mayor volumen de uso de ellos es, con diferencia, en la agricultura. Solo los cerca de 37 millones de hectáreas de agricultura ecológica que hay en el mundo se libran de ellos.

SUSTANCIAS DISEÑADAS PARA DAÑAR ORGANISMOS

Los pesticidas son sustancias diseñadas para dañar organismos vivos, que se difunden intencionadamente en el medio ambiente y aunque teóricamente buscan dañar solo a una serie de organismos diana (hierbas, hongos, insectos...) frecuentemente afectan de forma contundente a otros seres vivos. A veces a criaturas que son absolutamente esenciales y beneficiosas, incluso para los propios cultivos, como es el caso de los insectos polinizadores, cuya labor es básica para la productividad de muchos de los cultivos más rentables.

El uso de los pesticidas, más allá de conseguir el pretendido daño a las plagas –que frecuentemente se han hecho resistentes– se ha saldado con relevantes impactos en la salud humana y la biodiversidad, así como en el medio ambiente, amenazando, por ejemplo, la calidad de las aguas superficiales y subterráneas en vastas regiones del planeta.
 
pesticidas
 
UNA AGRICULTURA “TOXICÓMANA”

Un problema central es la insostenible dependencia de los pesticidas sintéticos en la agricultura, el cual ha traído consigo un crecimiento del volumen del uso global de estas sustancias en las últimas décadas. Se estima que en el mundo se consumen anualmente al menos cuatro millones de toneladas de pesticidas, contando solo el principio activo de las mezclas que se ponen a la venta (con lo cual la cifra real puede ser muy superior). Se asume que el nivel actual de utilización de estas sustancias es irracional. Es como sí, de algún metafórico o no metafórico modo, una buena parte de la agricultura mundial fuese “toxicómana” y requiriese de dosis crecientes de estos tóxicos para producir, o esa es la creencia de muchas personas, creencia alentada por las industrias que comercializan los pesticidas. El fenómeno es especialmente patente en ciertos cultivos que han sido manipulados genéticamente para resistir un mayor uso de algunos pesticidas y en los cuales los crecimientos de uso de los mismos han sido terribles. De hecho, el tema de los transgénicos ha sido movido, singularmente, por grandes compañías fabricantes de pesticidas.

La necesidad de acabar con la dependencia de los pesticidas sintéticos es un hecho reconocido, incluso por organismos especialmente conservadores y repletos de servidumbres, como la FAO que, en sus documentos, aclara que el uso de la química sintética para combatir las plagas en la agricultura debe de ser siempre la última opción, pero que la poderosa influencia de la industria de los pesticidas hacen que no se aplique. También la Unión Europea, en su Directiva de pesticidas, establece como objetivo terminar con la dependencia de estos productos y reducir el uso de pesticidas. Lo mismo pasa con otros organismos internacionales. El problema es que con excepción de algunos pocos países, como Dinamarca, no se adoptan medidas concretas en ese sentido. Resumir los daños que produce en el mundo el uso de pesticidas es una labor poco menos que imposible. Son tantos y de tal calibre que verdaderamente horrorizan, y deberían mover a urgentes acciones locales, regionales, nacionales e internacionales para poner fin, de una vez por todas, a un sistema demencial basado en envenenar a gran escala para producir alimentos.

DAÑOS A LA NATURALEZA

Los estragos causados a la Naturaleza son tremendos. Recientemente, un grupo de trabajo científico de la Unión Internacional para la Defensa de la Naturaleza (UICN) realizó un informe, basado en más de 800 estudios. A pesar de que solo se refería a un tipo de pesticidas –los insecticidas sistémicos, como los neonicotinoides– desvelaba la grave “amenaza global para la diversidad biológica” que suponían. Elementos básicos para el funcionamiento y productividad de los ecosistemas estarían siendo alterados por estos venenos. Este informe pasaba revista a lo que sucede con las abejas, que pueden verse afectadas en su capacidad de navegación, aprendizaje, búsqueda de alimento, longevidad, resistencia a las enfermedades, fecundidad, etc., y de otros insectos claves en la polinización como los abejorros o las mariposas. Asimismo denunciaba efectos graves en criaturas fundamentales como las lombrices de tierra, los microorganismos del suelo o infinidad de invertebrados acuáticos. También en las aves, los peces y los anfibios. Como decía Jean-Marc Bonmatin, del National Centre for Scientific Research en Francia, uno de los principales autores del estudio: “Lejos de proteger la producción de alimentos, el uso de pesticidas neonicotinoides está amenazando la infraestructura misma que la hace posible, poniendo en peligro a los polinizadores, la trama básica de los hábitats y los organismos que mantienen a raya las plagas de manera natural en el corazón mismo del funcionamiento de un ecosistema”.

Muchos de los seres afectados juegan papeles clave en los ecosistemas terrestres y acuáticos relacionados con la descomposición de los residuos y el ciclo de los nutrientes, la producción de cosechas, el control biológico de las plagas, o la polinización, cuyos valores económicos son exorbitados. En cualquier caso, como ya se ha dicho, el informe citado relata efectos de un único tipo de pesticidas. Hay muchos estudios que asocian, por supuesto, otras clases de estas sustancias con infinidad de daños sobre ésas y otras criaturas. Entre ellos, algunos que muestran como en las zonas en las que no se usan pesticidas se dobla la biodiversidad.
 
agricultura tóxica
 
DAÑOS A LAS PERSONAS

Las personas también son víctimas de esta especie de “guerra química”. En el mundo, especialmente entre los agricultores, se producen millones de intoxicaciones y centenares de miles de muertes anualmente por causa de la exposición aguda a los pesticidas, dos terceras partes de ellas en países en desarrollo. Junto a las intoxicaciones no deseadas conviene destacar, además, que los pesticidas son uno de los sistemas de suicidio más utilizados a escala global.

Estimaciones antiguas, de 1990, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), basadas en extrapolaciones desde datos muy limitados, hablaban de que cada año se producen cerca de un millón de intoxicaciones agudas no intencionadas y otros dos millones de personas que eran hospitalizadas por intentos de suicidio con estos productos, produciéndose unas 220.000 muertes (muchas intencionales pero una parte de ellas no). Aunque esos datos por sí solos ya deberían justificar una contundente actuación internacional, valoraciones científicas más recientes hablan de cifras muy superiores.

Como la mayoría de los afectados no acude a los hospitales –hay que pensar que buena parte de las intoxicaciones acontecen en países pobres y en lugares remotos–, no se registran buena parte de los casos. Estudios realizados en algunos países muestran que solo un 5% de los envenenamientos agudos eran recogidos en el registro oficial. Teniendo en cuenta hechos como estos, algunas estimaciones establecen que podría haber hasta 25 millones de trabajadores agrícolas que cada año sufre algún tipo de envenenamiento con pesticidas en el mundo. En algunos países la intoxicación aguda con pesticidas puede llegar a ser una preocupación de salud tan seria o más que las enfermedades infecciosas.

Estamos hablando, por otro lado, solo de las intoxicaciones más evidentes, y no de otros efectos de exposiciones crónicas a los pesticidas, a niveles algo más bajos, pero más altas que la media de la población general, que muchos estudios asocian a excesos de riesgo de las más diversas patologías (algunos tipos de cáncer, desórdenes neurológicos, infertilidad...) entre los agricultores y fumigadores.

INFANCIA ENVENENADA

Un hecho notable, según la Organización Internacional del Trabajo (ILO), es que en muchos países en vías de desarrollo las tasas de trabajo infantil son muy altas y la exposición a pesticidas es uno de los riesgos más relevantes que padecen los cerca de 68 millones de niños y adolescentes que tienen trabajos peligrosos en la agricultura mundial. Niños que pueden ayudar a sus padres a recoger cosechas impregnadas de pesticidas e incluso colaborar en el propio manejo y aplicación de los mismos, entre otras posibilidades de riesgo como simplemente jugar en los campos tratados o vivir junto a los campos que se fumigan, respirando los productos. Niños que, por una serie de razones, sufren un mayor índice de incidentes que los adultos y cuyos cuerpos en formación son infinitamente más vulnerables. Como con los adultos, no solo preocupan las intoxicaciones agudas, sino los efectos de exposiciones crónicas a niveles más bajos de pesticidas que pueden tener que ver con notables incrementos de riesgo en los cánceres infantiles, en las deformidades del aparato reproductor, en problemas relacionados con el desarrollo cerebral, etc., que han sido descritos en infinidad de investigaciones científicas.
 
naturaleza
 
ZONAS CALIENTES

Hay zonas del mundo donde los problemas causados por los pesticidas son bien patentes y originan fuertes movilizaciones sociales, como sucede ahora, por ejemplo, en Argentina, Paraguay y otras zonas de Sudamérica con los cultivos de soja transgénica generosamente regados con el glifosato de la multinacional Monsanto. No faltan científicos que denuncian fuertes incrementos de casos de cáncer o malformaciones congénitas. También han originado gran revuelo los efectos de las fumigaciones realizadas sobre los cultivos de coca en las selvas andinas o casos como el del pesticida DBCP en los cultivos plataneros de Centroamérica, que llegó a los tribunales estadounidenses por las denuncias de muchos afectados. Qué decir de casos tan sangrantes como los de los centenares de miles de personas afectadas, aún hoy en día, por el uso de defoliantes en Vietnam hace décadas o por el accidente de Bhopal, en la India.

EFECTOS EN LA POBLACIÓN

Para comprender realmente el impacto de los pesticidas en la salud humana, en cualquier caso, no conviene centrarse solo en los casos más llamativos, o solo en las personas expuestas a niveles más altos de pesticidas (como los agricultores). Sería desenfocar el problema. En realidad, los pesticidas pueden tener efectos sobre sectores poblacionales mucho mayores. A niveles más bajos de concentración.

La literatura científica sobre los efectos que pueden causar los pesticidas es amplísima y describe infinidad de problemas sanitarios que padecen quienes se exponen directamente a estos productos, beben de las aguas contaminadas por ellos (a veces a grandes distancias de las zonas donde se usan) o, entre otras posibilidades, que frecuentemente coinciden en la misma persona, acumulan en sus cuerpos cantidades mayores o menores de los residuos de estas sustancias que persisten en los alimentos. Existiendo, tal y como reconoce la FAO, una “creciente atención sobre los efectos sobre la salud a largo plazo, incluyendo los carcinogénicos y de alteración del sistema hormonal, y los efectos combinados que los residuos múltiples de plaguicidas pueden tener sobre grupos vulnerables”.
 
efectos de los pesticidas
 
UNA TOXICOLOGÍA QUE NO NOS PROTEGE

Los avances en el conocimiento toxicológico no hacen más que incrementar el nivel de alerta, al haberse puesto en evidencia que ciertos sistemas de evaluación de los riesgos que han venido aplicándose han podido subestimar gravemente los efectos reales de muchas de estas sustancias. No solo de algunas que se tenía identificadas como más peligrosas, sino también de otras pertenecientes a tipos de pesticidas más ampliamente usados hoy en día y que se tenían por más seguros.

Agencias reguladoras como la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) –lastradas por diversos escándalos de conflictos de interés con la industria química– han pasado por alto hechos importantes a la hora de establecer, por ejemplo, los límites legales de pesticidas presentes en alimentos como buena parte de las frutas y verduras. Además, esos límites se han hecho muchas veces, ante todo basándose en estudios, muchas veces secretos, de la propia industria fabricante de los pesticidas, y sin tener en cuenta debidamente millares de estudios realizados por la ciencia académica más seria y rigurosa que frecuentemente concluían que podía existir un riesgo.

Se han cometido, además, errores garrafales, como evaluar la toxicidad de solo el llamado principio activo y no de la totalidad de la mezcla del producto puesto a la venta, cuando se sabe que en este último caso los efectos podrían ser mucho mayores. No solo eso, sino que también se ha evaluado la toxicidad de cada principio activo en solitario, sin considerar que en una misma pieza de fruta o de verdura, por ejemplo, y no digamos en las diferentes otras frutas y verduras y demás alimentos, puede haber a la vez diferentes pesticidas y que, de nuevo, estos podrían tener (como se ha visto ya en diferentes investigaciones) efectos sinérgicos o sumatorios de toxicidad para un mismo efecto. Por no hablar de otros numerosos contaminantes diferentes de los pesticidas a los que nos exponemos también a la vez que a aquellos y que también podrían interactuar. Además, y por no seguir con más ejemplos, tampoco se han considerado debidamente ciertos efectos que, como los de la disrupción endocrina ya citada, podrían generarse potencialmente a concentraciones bajísimas y a largo plazo, no existiendo, como dicen importantes documentos científicos, un umbral seguro claro de exposición a las sustancias con estas propiedades capaces de alterar el equilibrio hormonal, especialmente en las primeras etapas del desarrollo humano tales como el feto o la infancia, cuando a veces a niveles bajísimos de concentración se pueden producir efectos.

No entramos, por otro lado, en la dosis de arbitrariedad que hay en unos criterios toxicológicos que se han venido usando para evaluar la toxicidad de los pesticidas, desarrollados y/o sostenidos muchas veces por toxicólogos con nexos industriales y basados poco más que en ideas trasnochadas del siglo XVI (las de Paracelso) acerca de que solo las altas dosis de un veneno pueden causar efectos y en inventos sacados de la chistera como el “factor de incertidumbre” o de “seguridad”, sobre el que tanto podría hablarse. Criterios muy discutidos pero que sirven, no obstante, para fijar los Límites Máximos de Residuos (LMRs) o la Ingesta Diaria Aceptable (IDA), que pasan por ser la supuesta última línea de defensa que nos protege de los efectos de los pesticidas que ingerimos.
 
pesticidas en los alimentos
 
LOS NIVELES “LEGALES” DE PESTICIDAS QUE INGERIMOS

Muchas personas no están tranquilas aunque la autoridades, por ejemplo en Europa, intenten tranquilizar a la población cuando se hacen públicos datos como los de presencia de pesticidas en un notable porcentaje de frutas y verduras europeas (en cerca de un 44% de media) diciendo que solo es preocupante, o ni siquiera, en los pocos casos, como de un 2%, en los que se supera el LMR. De hecho, los datos del Eurobarómetro reflejan que, de hecho, la presencia de residuos de pesticidas en los alimentos es la principal preocupación de los europeos vinculada a los riesgos alimentarios. Como sí, a pesar de la escasa información que se da a los ciudadanos, estos compartiesen las preocupaciones, ya comentadas, de la comunidad científica.

Tampoco ayudan a crear confianza decisiones como la de la Comisión Europea en 2008 cuando, alegando “armonizar” los Niveles Máximos de Residuos de pesticidas en toda la Unión Europea –ya que estos variaban mucho entre países– en lugar de optar por elegir los más bajos y exigentes (como era el caso de los de países como Alemania o Austria) optó más bien por lo contrario. De modo que se optó por niveles que en algunos casos eran incluso centenares de veces más altos. Ello a pesar de que la normativa europea insiste en que siempre ha de aplicarse los criterios más exigentes para proteger la salud.

Como reducir mucho o eliminar la presencia de una serie de omnipresentes contaminantes, como muchos pesticidas, supondría enfrentarse con una serie de intereses, parece que se opta, más que por eliminar los riesgos, por convivir por ellos, estableciendo que todo es cuestión de “gestionar” los riesgos, estableciendo niveles “aceptables” de presencia de esos contaminantes en nuestros cuerpos. Niveles “aceptables” que se fijan del modo que ya hemos someramente descrito.

Al mismo tiempo, se nos intenta convencer de que bueno... que vivimos en la “sociedad del riesgo”. Que siempre hay que correr algún riesgo, y que, en todo caso, supuestamente, los beneficios de correrlo superan a los riesgos. En este caso, se dice que no podría alimentarse a la Humanidad sin los pesticidas porque estos, dicen, son esenciales para conseguir una alta productividad agrícola. Sin embargo, ¿es eso cierto?
 

 
LA AGRICULTURA PUEDE SER PRODUCTIVA SIN PESTICIDAS

Recientemente una revisión de 115 estudios científicos que comparaban la productividad de la agricultura convencional (con uso de pesticidas) con la agricultura ecológica (que prescinde de ellos) mostraba claramente que las diferencias de productividad entre unos y otros sistemas son mucho menores que las que ciertas voces interesadas pregonan. La revisión, realizada por científicos de la Universidad de Berkeley, establecía que la agricultura ecológica podría y debería alimentar a la Humanidad. Que no solo es viable, sino que si no se hace será la propia sostenibilidad de la agricultura la que estará en riesgo, ante los efectos causados por la agricultura basada en la química que origina hondos impactos ecológicos y sanitarios, así como de empobrecer los suelos. Además, ¿a quién se quiere engañar? ¿Acaso Europa, por ejemplo, tiene problemas de falta de productividad agrícola? ¿No es más bien al contrario? Europa, desde hace mucho, lo que tiene es problemas de excedentes, de excesos de producción. Y a nivel planetario, incluso en los países más pobres, ¿desde cuándo el problema ha sido que falten alimentos? Se sabe desde siempre, y la FAO insiste en ello por activa y por pasiva, que lo que hay no es falta de producción, sino que hay quienes no tienen recursos para comprar esos alimentos. Por cierto, que esto es así, en buena medida por un sistema agro-industrial que no solo envenena masivamente la tierra sino que es injusto y despiadado socialmente.

Por otro lado, cuando se nos habla de “rentabilidad” de la agroquímica ¿se están haciendo bien las cuentas? ¿Se ha metido en los cálculos el terrible coste sanitario –y no digamos de sufrimiento– de tanta gente que enferma y muere?, ¿se ha calculado lo que costaría regenerar los acuíferos contaminados con pesticidas?, ¿se incluye en el balance lo que cuesta la pérdida de biodiversidad causada por estas sustancias? Por ejemplo, ¿se han computado las decenas de miles de millones de euros que aporta la polinización y lo que supone perderla? Según la Comisión Europea, el valor de la polinización en Europa sobrepasa los 22.000 millones de euros anuales. En el mundo la cosa llegaría a los 265.000 millones anuales. ¿Se ha incluido en las cuentas que cada vez los pesticidas tienen menos efectos por las resistencias que generan? ¿Se ha incluido que el uso de pesticidas ha hecho aparecer plagas que antes no existían al acabar con sus enemigos naturales? ¿Cuántas cosas no se computan? Metamos esos costes y veamos si salen las cuentas y a favor de quien. La agricultura industrial basada en la química es ruinosa para la mayoría y solo beneficiosa para unos cuantos. La transición global hacia la agricultura ecológica es la única salida.
 
costes de los pesticidas
 
Autor: Carlos de Prada
Web: www.hogarsintoxicos.org

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