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  • Son unas sustancias químicas empleadas fundamentalmente como plastificantes y fijadores, y están presentes en envases, productos de aseo y limpieza, barnices, cosméticos, tejidos, ambientadores y hasta material médico, por eso se los considera contaminantes universales
  • En la Unión Europea se producen cerca de un millón de toneladas anuales de ftalatos y aunque en el mundo hay unos 100 tipos de estos compuestos químicos, son 26 los que se usan con más frecuencia, de los cuales 12 están en la lista de sustancias altamente preocupantes para la salud
  • Hogar sin tóxicos, una iniciativa de la Fundación Vivo Sano, presenta un informe en el que se revisa la literatura científica sobre estas sustancias y las enfermedades asociadas a ellas, y se propone una estrategia nacional para limitar su uso

Madrid, 13 de abril de 2016.- Geles, champús, jabones, lacas de uñas, maquillajes,
juguetes infantiles, papeles pintados, cables, pegamentos, suelos de PVC, envases de
plástico para alimentos, tintas de impresión, ropas y tejidos, ambientadores, productos
de limpieza del hogar, lacas y barnices, juguetes sexuales, material médico… Este
listado variopinto es sólo una pequeña muestra de los objetos donde están presentes
los ftalatos, unas sustancias químicas artificiales que se usan como plastificantes y
fijadores que pueden alterar nuestro sistema endocrino, y que han sido asociadas a
numerosos problemas de salud. Estas sustancias, o sus metabolitos, están presentes
en la sangre y la orina de virtualmente todas las personas, según han demostrado
múltiples estudios, tal es el nivel de exposición al que estamos sometidos. Por eso se
los considera contaminantes universales, y también por eso urge que los poderes
públicos tomen medidas urgentes para poner coto a este problema.

Esto es lo que plantea la Fundación Vivo Sano, a través de la iniciativa Hogar sin
tóxicos
, en un extenso y detallado informe que acaba de hacer público. Son 120
páginas en las que se revisan multitud de estudios científicos que alertan sobre la
extendida presencia de los ftalatos y que los relacionan con efectos en la salud tales
como deterioro de la calidad del semen, alteración de los niveles de hormonas
sexuales, infertilidad, alteraciones tiroideas, bajo peso al nacer, partos prematuros,
alergias, obesidad, crecimiento de células cancerosas, malformaciones genitales
congénitas (criptorquidias, hipospadias), etc.

El informe de Hogar sin tóxicos también recoge una petición formal a las autoridades
para que pongan en marcha cuanto antes una estrategia nacional dirigida a reducir la
exposición de los ciudadanos a estas sustancias, y en especial la de los niños y mujeres
embarazadas, por ser más sensibles a sus efectos. Entre las acciones propuestas está la 
de impulsar ante la Unión Europea una regulación más estricta sobre los disruptores
endocrinos, prohibir en España la puesta en el mercado de productos que contengan
los ftalatos identificados como de mayor riesgo, prohibir estas sustancias en materiales
en contacto con alimentos, imponer tasas a las empresas que fabriquen o
comercialicen productos con ftalatos, establecer el etiquetado obligatorio de la
presencia de ftalatos en bienes de consumo, etc.

Desde Ecologistas en Acción, su responsable de Políticas de Sustancias Químicas,
Dolores Romano, coincide en que la normativa actual no protege lo suficiente la salud
de los ciudadanos. “Las propuestas de regulación de algunos de estos ftalatos en
Europa han sido rechazadas hasta la fecha por el bloqueo de un pequeño grupo de
países entre los que se encuentra España, representada por el Ministerio de Sanidad.
Nuestras autoridades sanitarias deberían explicar en qué beneficia a la salud de la
población española mantener estas sustancias en el mercado”, subraya.

Inhalados, ingeridos y absorbidos por la piel

Según Carlos de Prada, responsable de Hogar sin tóxicos y autor del informe, “los
ftalatos son un problema que nos afecta a todos y de forma indiscriminada, porque
son inhalados, ingeridos y absorbidos por la piel”. Al no unirse químicamente a los
productos de cuya composición forman parte, como el PVC, los ftalatos se van
desprendiendo lentamente a lo largo de mucho tiempo, lo que puede causar que se
acumule en el polvo doméstico, en el aire que respiramos. A esto se suman los ftalatos
que pueden llegarnos a través de la comida o, por ejemplo, a través de la piel por
cremas u otros productos. El resultado es una exposición continuada.

Los estudios realizados hasta el momento demuestran que estas sustancias están
presentes en el 98% de las personas analizadas. Algunos ftalatos se concentran en
mayor cantidad en los niños, y se sabe que las mujeres también suelen tener mayores
niveles que los hombres de ciertos ftalatos, probablemente por su mayor uso de
ciertos productos de aseo y belleza. Preocupa además la exposición de mujeres en
edad fértil por los efectos que estas sustancias pueden tener sobre el feto.

Además, se ha visto que el efecto de la exposición continua a varios ftalatos
simultáneamente, que es lo que sucede en la vida real, puede tener efectos mucho
mayores y más graves que la exposición a una sola de estas sustancias. “Es lo que se
llama efecto cóctel”, explica Carlos de Prada, “y sin embargo la inmensa mayoría de las
evaluaciones de riesgo que se han hecho hasta ahora no tienen esto en cuenta y
establecen límites hipotéticamente seguros para la exposición a cada una de estas
sustancias aisladamente, cuando en realidad nos exponemos a varias a la vez, y se
sabe que el efecto combinado puede ser mucho mayor en esos casos”.

En España, más ftalatos que en Europa

Sólo en la Unión Europea se producen cerca de un millón de toneladas anuales de
ftalatos. En España, el Instituto de Salud Carlos III encontró en niños españoles (de dos
localidades del centro de la Península) unos niveles de ftalatos muy superiores a la
media registrada en otros 16 países europeos. El estudio, realizado en 2011, fue parte
de un proyecto europeo llamado COPHES/DEMOCOPHES que consistió en análisis
realizados en parejas madre-hijo en esos 17 países.


Otros estudios en España han arrojado resultados aún más elevados, como el que
realizó el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) de Barcelona
con madres y niños reclutados para participar en el proyecto Infancia y Medio
Ambiente (INMA). Los niveles del ftalato conocido como MEP eran, en el estudio del
Carlos III, de 174,1 µg/l en las madres y de 169 µg/l en los niños, mientras que en el
estudio de INMA eran de 324 µg/l y 755 µg/l respectivamente.

La exposición humana a sustancias capaces de alterar el equilibrio hormonal, como los
ftalatos, puede tener un alto coste económico, según denuncia Hogar sin tóxicos. La
Endocrine Society cifra esta cantidad entre 157.000 y 270.000 millones de euros al año
en la UE, entre estancias hospitalarias, servicios médicos, caídas de productividad,
bajas laborales, muertes tempranas, incapacidades, etc. En el capítulo dedicado a los
ftalatos se hablaba específicamente de un coste anual de 15.000 millones de euros por
la obesidad en adultos, 4.600 millones de euros por infertilidad masculina y 8.000
millones de euros por mortalidad asociada a bajos niveles de testosterona.

Pese a la evidencia disponible, las medidas adoptadas hasta ahora son muy limitadas.
Hay cerca de 100 ftalatos que se usan con cierta frecuencia en todo el mundo, de los
cuales 26 están registrados en las bases de datos de la Agencia Europea de Productos
Químicos (ECHA). Y de ellos, 12 han sido incluidos en la lista de sustancias altamente
preocupantes por sus posibles efectos para la salud. De estos 12 ftalatos, algunos
requieren una autorización por la Comisión Europea previa a su utilización: BBP, DEHP,
DBP y DIBP. Mientras tanto, la lista de ftalatos considerados preocupantes sigue
creciendo.


Puedes descargar el informe completo a través de la web de Hogar sin Tóxicos

Los ftalatos
Un problema de salud pública que debe ser abordado con urgencia para proteger a mujeres embarazas y niños. Un problema de salud pública

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