Información para tu salud > Sociedad sana > Relaciones sanas > Familia > El afecto en el hogar

El afecto en el hogar

Al elegir, diseñar, construir o decorar nuestro hogar empleamos consciencia y delicadeza, así como atención en la limpieza, el orden, los espacios, los colores o las formas. Al crear un espacio, personal, y también laboral, debemos definir la distribución de los espacios o de las instalaciones: dónde irán los baños, si la cocina estará o no comunicada con el salón, etc.

Justamente esa consciencia es uno de los elementos que diferencian un hogar acogedor y armónico de un lugar inhóspito: todo tiene un orden y una coherencia. Cuando alguien te invita a su casa, si ésta ha sido creada con consciencia, puedes leer en ese espacio mucho de la forma de ser de quienes lo habitan.

Sin embargo, hay un elemento en el que no solemos poner consciencia. Algo que se percibe tan claramente que casi podemos tocarlo. Existen hogares cálidos, en los que uno tiene ganas de conversar y quedarse. Y lo que diferencia a esos hogares no es otra cosa que el amor. Un espacio puede haber sido diseñado con exquisitez, pero si quienes lo habitan no se cuidan y se relacionan afectivamente se convierte en un lugar frío, que produce escalofríos y del que las personas buscan huir. Es como cuando entramos en muchos hospitales, que el dolor casi se puede tocar en ese olor que se percibe nada más cruzar la puerta. Uno es consciente de entrar en un lugar diferente.
 
afecto en el hogar
 
En un hogar, sea cual sea, si es un hogar creado desde el afecto y vivido en la consciencia y el cuidado, eso se percibe nada más entrar: forma parte del aire que se respira. No se trata sólo de quererse, sino de poner consciencia en ese amor. Existen contextos que dañan y contextos que curan. Y un contexto que cura, que sana, que hace desarrollarse plenamente a las personas que viven en él está definido por dos elementos esenciales: la afectividad consciente (y elegida) y la confianza entre las personas que allí conviven y en la solidez de sus relaciones. Veamos qué significan estos dos elementos.

Empecemos por el segundo, por la confianza. Un hogar ha de ser refugio, consuelo y espacio de seguridad. Si las personas que conviven en él no confían los unos en los otros, si las relaciones que les unen no son sólidas y se resquebrajan, las personas que allí viven, no sólo los niños y niñas, sino los propios adultos, dejan de sentir ese espacio como un lugar de seguridad. No hablamos sólo de la crianza de los niños y niñas, pensemos en cómo cambia un hogar cuando hay una crisis de pareja o incluso en un hogar donde sólo vive una persona, la transformación que se da cuando esta persona empieza a tener problemas de salud mental.

Sentirse seguro es el elemento esencial del desarrollo humano. La investigación ha demostrado que la seguridad básica (obtenida a través de las relaciones de apego) es la necesidad primaria universal del bebé, por encima de la comida o de cualquier otra. Sin seguridad no hay siquiera desarrollo cerebral pleno. Si no nos sentimos seguros no exploramos, no jugamos, no nos relacionamos. Y sin exploración y juego no hay desarrollo cognitivo en el niño, y por supuesto tampoco social.
 
afecto en casa
 
Pero una de las claves de esa confianza es comprender que seguridad no es igual a control. No es el control, ni la rigidez en los hábitos y en las formas lo que genera seguridad sino la confianza. No se trata de generar una burbuja alrededor de nuestros hijos e hijas donde no sufran y nada les haga daño (porque además eso es sencillamente imposible). Debemos generar relaciones sólidas y cercanas a las que puedan acudir cuando tengan un problema o necesidad. El control y la rigidez vienen derivados justamente de la falta de confianza y de los miedos de las figuras parentales. Miedos humanos y comprensibles, pero miedos.

Las relaciones en un hogar han de construirse sobre la confianza en los otros: en sus capacidades, en la comunicación e intimidad que hemos construido con ellos y el conocimiento mutuo que esa intimidad genera, y por el que cual podremos comprender sus necesidades y expresar las nuestras. Criar a un niño no puede estar basado en la rigidez y el miedo, sino en sus capacidades de desarrollo y autonomía gradual y en una comunicación profunda. En la medida en que les creamos capaces de hacer algo, llegarán a hacerlo. Un hogar donde la frase más repetida es “ten cuidado” es un clima dañino para el niño, aunque se haga con la mejor de las intenciones.

Pero para construir esa intimidad y esa comunicación requerimos el otro elemento: la afectividad consciente. Un afecto que no se dé por hecho, por obvio, sino en el que se ponga consciencia, cuidado cotidiano y delicadeza constante. Porque a amar no se aprende amando, sino sintiéndose amado. Es el cuidado cotidiano y sutil el que trasmite al otro la sensación de sentirse amado. Y esa sensación en el caso de los bebés empieza por ser una sensación corporal, física: ser acariciado, acunado, cubierto ante el frío, consolado cuando llora… Son los pequeños y constantes gestos los que enseñan a amar. Porque esos gestos generan un modelo interno de relación afectiva en la persona que luego reproducirá en sus futuras relaciones y un modelo sobre sí mismo que condicionará su autoestima, su asertividad y su capacidad de regular sus propias emociones, entre otras muchas cosas.

La afectividad consciente, por tanto, implica dar raíces pero también alas. Las raíces suponen brindar un lugar de seguridad al que volver, un refugio, un apoyo y el cuidado en las dificultades, un lugar de pertenencia. Las alas son imprescindibles para desarrollarse, explorar, jugar, relacionarse, e incluso para cuestionar, disentir y cambiar. Y esas alas se educan y se promueven en el niño. Por utilizar un símil, los vínculos afectivos positivos (que son en los que se manifiesta esa afectividad consciente en un hogar) son como los motores de un cohete, los que le dan la fuerza para llegar a la atmósfera y luego lo sueltan para que no se caiga. Brindar al niño la capacidad para que salga al mundo, explore, juegue y tenga relaciones profundas con otras personas es tan parte de la vinculación como acariciarle, consolarle, acompañarle, contarle cuentos o jugar con él. En este aspecto diferenciar vínculo de dependencia se vuelve clave. Un vínculo positivo es una relación afectiva que proporciona la seguridad necesaria al niño para llegar a ser autónomo y lograr su pleno desarrollo.
 
afecto familiar
 
¿Y cuáles son nuestras herramientas para lograr construir un hogar así? Destaquemos tres:

1 La consciencia. Poner consciencia no sólo en lo que hacemos sino en cómo lo hacemos y en para qué lo hacemos. La consciencia es imprescindible para crear un hogar cálido, a diferencia de la inconsciencia o la repetición de las pautas sólo por costumbre o tradición.

2 El autocuidado. No se puede criar bien sin estar bien, y la inversión en autocuidado por parte de las figuras parentales es garantía de protección para los niños y niñas a su cargo. Esto implica un cambio muy potente respecto a la visión de la crianza y educación desde el sacrificio. Pasar a ver el autocuidado no como egoísmo, sino como protección.

3 La valentía. Confiar en el otro y en sus capacidades implica valentía, apostar por el otro, por la relación y creer en las posibilidades de nuestros hijos e hijas. En sus capacidades presentes, y no sólo en las futuras. Creer en su capacidad de desarrollar un criterio propio y desenvolverse, supone no evitar ni negar las situaciones de riesgo sino darles herramientas para saber afrontarlas. Y todo eso, al final, nos obliga a afrontar nuestros propios miedos, que se manifiestan en nuestra necesidad de control y en la rigidez de nuestros hábitos.

Porque al final generar un hogar cálido es también generar un hogar sano. Es una herramienta de prevención del daño emocional, de la enfermedad física y de las relaciones afectivas dañinas. Pero supone un trabajo personal y de consciencia. Es, sin duda, el mayor regalo que podemos hacerles a nuestros hijos e hijas y a nosotros mismos.
 
Autor: Pepa Horno Goicoechea
Web: www.espiralesci.es


Síguenos en